Alejandro Mihovilovich Gratz
Investigador Histórico
La historia musical del sur de Chile no puede comprenderse cabalmente sin la figura de Wilfred Junge, compositor, director de orquesta y gestor cultural cuya labor fue decisiva en la consolidación de una vida musical estable y de alto nivel en la ciudad de Concepción. Su trayectoria encarna el ideal del músico integral: creador, intérprete, formador y organizador, comprometido no solo con el arte, sino también con la construcción de instituciones culturales duraderas.
Nacido en Viña del Mar en 1928, Wilfred Junge desarrolló tempranamente su formación musical, la cual se profundizó durante su paso por el Colegio Alemán de Concepción, espacio que marcaría de manera decisiva su vínculo con la ciudad y con una tradición musical de fuerte raigambre europea. Desde sus primeros años, Junge manifestó una vocación clara por la música académica, tanto en el ámbito de la composición como en la dirección, lo que lo llevó a integrarse activamente a la vida coral y orquestal penquista desde muy joven.
Uno de los hitos fundamentales de su carrera fue su participación en el Coro Polifónico de Concepción, del cual llegó a ser director a comienzos de la década de 1950. Este trabajo coral no solo evidenció sus capacidades musicales, sino también su talento para liderar y formar conjuntos estables, rasgo que se repetiría a lo largo de toda su trayectoria. En 1952, Junge dio un paso decisivo al fundar la Orquesta de Cámara de Concepción, agrupación que con el tiempo se transformaría en la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción, institución emblemática del desarrollo cultural regional y nacional.
La vinculación de Wilfred Junge con la Universidad de Concepción fue profunda y fecunda. No solo dirigió su orquesta sinfónica, sino que además contribuyó a dotar a la universidad de una identidad sonora propia al componer la música del Himno Oficial de la Universidad de Concepción, obra que hasta hoy simboliza el espíritu académico y comunitario de la institución. Su labor como director artístico de la Corporación Lírica de Concepción, desde 1959, reafirmó su compromiso con el desarrollo de la ópera y la música vocal en una ciudad alejada del centralismo cultural de Santiago.
La formación de Junge se vio enriquecida por períodos de perfeccionamiento en Austria y Estados Unidos, donde entró en contacto con corrientes contemporáneas de la música académica y con modelos de organización cultural más consolidados. Estas experiencias internacionales se reflejaron tanto en su labor directorial como en su producción compositiva, caracterizada por un equilibrio entre rigor técnico, expresividad y una clara vocación comunicativa.
Como compositor, Wilfred Junge dejó un catálogo significativo que abarca obras corales, de cámara y orquestales. Entre ellas destacan la Cantata del Pan y la Sangre, el Divertimento para orquesta y diversas piezas para conjuntos instrumentales y coros. Su música revela una sensibilidad atenta al texto, a la forma y al color instrumental, así como un profundo conocimiento de las posibilidades expresivas de los conjuntos que dirigía.
El reconocimiento a su labor se manifestó en diversos premios de composición y distinciones artísticas, entre ellos el Premio Municipal de Arte, que validaron su aporte tanto a nivel local como nacional. Sin embargo, más allá de los galardones, el legado de Wilfred Junge reside principalmente en las instituciones que ayudó a crear y fortalecer, y en las generaciones de músicos que encontraron en Concepción un espacio fértil para el desarrollo artístico gracias a su visión y perseverancia.
Fallecido en 2001, Wilfred Junge permanece como una figura central en la memoria cultural del Biobío. Su vida y obra representan un ejemplo elocuente de cómo la música, entendida como vocación y servicio público, puede convertirse en un motor de identidad, educación y cohesión cultural. En este sentido, su legado trasciende la partitura para inscribirse de manera indeleble en la historia cultural de Chile.