El sector público y el privado deben actuar con sentido de urgencia para que este hito se traduzca en obras, inversión y empleo formal en los plazos previstos.
La resolución de la Fiscalía Nacional Económica (FNE), al aprobar sin condiciones la alianza estratégica entre el Grupo CAP y Aceros AZA, marca un punto de inflexión. Es un paso decisivo para el futuro industrial de la Región del Biobío.
Tras el doloroso proceso que significó el cese de operaciones de la Compañía Siderúrgica Huachipato, la ratificación de este trato (US$ 130 millones) despeja la incertidumbre regulatoria e inicia una etapa concreta de reconversión productiva de acero verde en Talcahuano.
El pronunciamiento no solo confirma que la transacción resguarda las condiciones de libre competencia, sino que también valida una mirada de largo plazo para la economía regional. La integración de 91 hectáreas de la emblemática usina a los planes operacionales de AZA permitirá revalorizar activos industriales clave.
El gerente general de Aceros AZA, Juan Enrique Greibe, señaló que “la aprobación de la Fiscalía Nacional Económica nos permitirá seguir avanzando en un proyecto estratégico para Chile y para nuestra compañía, el cual contempla la adquisición de 91 hectáreas de los terrenos de Huachipato, operación que esperamos concretar durante el primer semestre de 2027, una vez cumplidas las condiciones pendientes”.
Por su parte, el gerente general del Grupo CAP, Nicolás Burr, manifestó que “este proyecto constituye uno de los principales hitos del proceso de reconversión que estamos impulsando en el complejo y es un buen ejemplo de la estrategia de largo plazo que ejecutamos como Grupo: alcanzar alianzas estratégicas para poner en valor y rentabilizar nuestros activos, generar nuevas oportunidades de negocio y contribuir al desarrollo productivo del país”.
Se estima que la iniciativa generará más de 1.300 puestos de trabajo en sus distintas etapas, abarcando desde la construcción de la acería eléctrica hasta la puesta en marcha permanente del laminador. Para una zona golpeada por el desempleo y los ajustes del sector manufacturero, esta proyección abre una oportunidad concreta de reinserción para capital humano de alta especialización que se formó durante décadas en las instalaciones de la siderúrgica.
El desafío que sigue exige celeridad y coordinación de todas las instituciones involucradas.
El sector público y el privado deben actuar con sentido de urgencia para que este hito se traduzca en obras, inversión y empleo formal en los plazos previstos, reafirmando la vocación industrial que define la identidad de nuestra región.