Editorial

El trabajo luego de los +50

Reducir la discriminación por edad requiere un cambio cultural profundo dentro de las gerencias de recursos humanos para derribar sesgos en los procesos de selección.

Por: Editorial Diario Concepción 28 de Agosto 2026
Fotografía: Cedida

El estudio “Cincuentimeter” de Caja Los Andes y Cadem pone sobre la mesa una contradicción estructural de nuestro mercado laboral: mientras ocho de cada diez personas mayores de 50 años proyectan seguir trabajando, más de la mitad declara haber sufrido discriminación por edad. En un contexto demográfico de envejecimiento acelerado y mayor expectativa de vida, este “edadismo laboral” no solo representa un acto de injusticia hacia profesionales experimentados, sino también un derroche ineficiente de capital humano para el desarrollo productivo regional y nacional.

La experiencia narrada en este escenario da cuenta de la desconexión entre la capacidad real y la percepción del mercado. La desvinculación a partir de los 50 años suele arrastrar a profesionales consolidados a un espiral de frustración, no por falta de competencias, sino por barreras culturales que asocian erróneamente la edad con la obsolescencia o la incapacidad de adaptación tecnológica. Como advierte el empresariado local, la llamada brecha digital en este grupo etario responde muchas veces a deficiencias en el diseño de las herramientas y no a un déficit de aprendizaje.

Por el contrario, la incorporación y retención de talento mayor a los 50 años entrega a las organizaciones un valor estratégico insustituible. La templanza para gestionar momentos de crisis, el juicio crítico para evaluar decisiones complejas —incluso ante el avance de tecnologías como la inteligencia artificial— y el conocimiento acumulado en décadas de trayectoria son activos que la juventud profesional, por definición, aún no puede ofrecer. La madurez laboral aporta equilibrio, capacidad de mentoría y una visión estratégica de largo plazo a los equipos de trabajo.

Desde Caja Los Andes, el gerente general Tomás Zavala planteó que los resultados del estudio permiten identificar desafíos que van más allá de la empleabilidad individual y agregó que la llamada brecha digital debe ser abordada desde una perspectiva distinta.

“La brecha digital no es de capacidades, sino de diseño con el que la estamos abordando. Junto con eso, la alta percepción de discriminación en mayores de 50 nos abre los ojos sobre qué tenemos que hacer distinto, especialmente en el mundo laboral”, afirmó.

Reducir la discriminación por edad requiere un cambio cultural profundo dentro de las gerencias de recursos humanos para derribar sesgos en los procesos de selección. Garantizar espacio y reconversión a los profesionales es una condición indispensable para construir un mercado del trabajo más equitativo, diverso y resiliente.

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