Editorial

Restricciones a la circulación nocturna de menores

La medida puede explicarse por la percepción fundada de la ciudadanía que existe un estado de emergencia por los altos niveles de delincuencia, de violencia, de consumo de drogas y alcoholismo en nuestros niños y jóvenes.

Por: Editorial Diario Concepción | 10 de Julio 2019
Fotografía: Agencia UNO

La polémica que ha empezado a desencadenarse era hasta cierto punto predecible, tratar de cambiar usos y costumbres en la juventud chilena, de la cual un segmento no ha logrado establecer un equilibrio entre libertad y abuso, con resultados que han lesionado reiterada y sustantivamente nuestras estadísticas de exceso de consumo de alcohol y drogas, más una aparente falta de control de muchos padres, superados, por lo general, ante una situación de pérdida,  o renuncia de autoridad.

El hecho concreto es que los jóvenes, sin supervisión adecuada, viven en una dimensión nocturna por lo general desconocida por sus familias, los adultos que sí están presentes no suelen hacerlo por razones filantrópicas. Ante esa realidad, se ha propuesto introducir una medida, aplicada con notable éxito en otras partes, cambiando lo que haya que cambiar;  limitar el horario de circulación nocturna de los niños y adolescentes

Esta iniciativa tiene como respaldo una consulta efectuada a los propios vecinos de algunas comunas de la capital, de esa manera más de 100 mil personas apoyaron una medida municipal para restringir el horario de circulación de los menores de 16 años en la noche. Coloquialmente, se le ha llamado el “Toque de Queda Juvenil”, un nombre particularmente desafortunado al asociarlo directamente con uno de los capítulos más oscuros de la dictadura y que promueve un casi inmediato rechazo, que solo puede superarse poniendo todas las cartas sobre la mesa, con absoluta transparencia democrática,  actitud que contrasta diametralmente con ese terrible episodio.

La alta aceptación puede explicarse por la percepción fundada de la ciudadanía que existe un estado de emergencia por los altos niveles de delincuencia, de violencia. de consumo de drogas y alcoholismo en nuestros niños y jóvenes. No es una situación opinable, el informe sobre el Consumo de Drogas en las Américas 2018, realizado por la Organización de Estado Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, indica que Chile se encuentra entre los países que presentan un mayor consumo de drogas entre los estudiantes secundarios ,si se compara con otros 32 países de la región.

Más del 30% de los estudiantes secundarios reconoce consumir marihuana, superando a países como Estados Unidos, donde cerca del 23% de los jóvenes señala haber consumido esta droga. Similar es el caso de la cocaína, ya que en nuestro país el 4% de los estudiantes secundarios reconoce haberla consumido.

Por supuesto que no se han demorado en criticar ácidamente esta medida los políticos que se han dado en llamar progresistas, describiendo esta medida como populista y restrictiva de libertad, un par de descriptores de probada eficacia polémica, pero que no se hacen cargo de la situación que se vive. Hay dos circunstancias que dejar en claro para el mejor entendido; la primera es que esta medida debe llevarse a cabo con prudencia, transparencia  y amplia participación, incluyendo a los mismos jóvenes y la segunda que no se debe bajar los brazos ante la absoluta necesidad de implementar la educación para la responsabilidad y cultura cívica, al mismo tiempo que se adoptan políticas públicas para disminuir las brechas socioeconómicas que muchas veces subyacen en los comportamientos riesgosos de los niños y adolescentes. Lo único que no se  puede hacer es dejar las cosas tal y como están.

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