Editorial

El deber de poner al día la agenda de regionalización

La primera tarea consiste en que la Región recobre su voluntad de crecer, la unidad de propósito para lograr, con la fuerza colectiva, que los cambios se produzcan. Sin quitarle nada a nadie, sino agregando recursos al país en forma más justa.

Por: Editorial Diario Concepción | 05 de Mayo 2019
Fotografía: Raphael Sierra P

Ha llegado el tiempo de las promesas, con aparentemente auténtico convencimiento, los partidos políticos, los grupos con capacidad de convocatoria, entrelazan convenios más bien condicionados y fugaces, en busca de un lugar en la inminente elección de gobernador, la nueva gran figura política del país, por mucho que sus atributos están en gran parte dentro de una nebulosa.

Se supone que esas personas elegidas para conducir los destinos regionales serán, a diferencia de los actuales intendentes, los representantes ante el gobierno central de las demandas y proyectos de la Región, voceros de un mandato popular, una nueva y, se espera, poderosa opción para avanzar hacia la descentralización, la otra cara en la propuesta de regionalización, una necesidad a consecuencia de observar la progresiva deformación del territorio en cuanto al poder de decisión, la observación reiterada que todo es posible y a plazo breve en la capital y que cualquier proyecto regional debe pasar por procesos kafkianos e interminables.

No es de extrañar si se considera que la Región metropolitana concentra el 40% de la población, el 43% del PIB, en sólo el 2% del territorio nacional, una situación propia de país subdesarrollado, con una megápolis insaciable en demandas y mejoramientos en plazos sorprendentemente breves, cuando, en comparación, hay cientos de pueblos y ciudades pequeñas en condiciones precarias, resultado de evidente inequidad en la asignación de recursos, así, por ejemplo, la inversión pública es 2,8 veces más alta en la Región metropolitana que en la Región del Bío Bío o, en general, porque la estructura de la nación está pensada y asumida de esa manera. En términos concretos, Santiago no es Chile como se describe usualmente, sino parece ser, progresivamente, otro país.

Los diferentes personeros para la regionalización del Bío Bío, han descrito varios objetivos que representan tareas pendientes para ese propósito, entre ellos; apoyar programas de inversión regional destinados a crear desarrollo social y económico. Crear conciencia sobre la necesidad de descentralizar el país, no por rivalidad o capricho, sino porque el país no puede seguir como está, sin lesa patria.

Sin embargo, la primera tarea consiste en que la Región recobre su voluntad de crecer, la unidad de propósito para lograr con la fuerza colectiva que los cambios se produzcan. Sin quitarle nada a nadie, sino agregando recursos al país en forma más justa. Hemos caminado demasiado tiempo en dirección contraria. En décadas anteriores, casi todas las regiones, o provincias, tenían polos de desarrollo, en nuestro entorno, loza y textiles, por ejemplo, abandonados a su suerte compitiendo con las grandes ligas, sin la experiencia que ahora tienen los empresarios, con resultados predecibles.

Hay ahora otros proyectos, que no terminan de concretarse, la lista repetida ad nauseam, soterramiento, puente, metro, mercado, agroindustria, turismo, una suerte de interminable propuesta que una nueva autoridad elegida tiene el deber de llevar a la realidad

Permitir el desarrollo de la Región en todo su potencial es un deber de Estado, es un proyecto inevitable e imprescindible como país conseguir un desarrollo armonioso. Quienes resulten elegidos para cumplir con esa tarea. van a asumir, no una nueva y promisoria posición para sus colores políticos, sino sobre todo una responsabilidad a ser evaluada por la historia.

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