Editorial

El aumento del poder de fuego de la delincuencia

Por: Editorial Diario Concepción | 03 de Octubre 2018
Fotografía: Diario Concepción

Un titular que se puede leer al pasar, sin tomar debida consciencia, suele ser aquel que cumple con su formal papel de informar, el hecho escueto, mediante un periodismo serio que espera que sea el consumidor de las noticias el que otorgue su significado concreto, un mérito de la información objetiva, pero, al mismo tiempo, bajo el riesgo de bajar el perfil a situaciones preocupantes. Es un excelente ejemplo de lo anterior, aquel que informa de la baja de incautaciones de armas hechizas ante mayor empleo de armamento de fábrica.

Según la información de la Policía de Investigaciones (PDI), es esta una situación que ha cambiado mucho en los últimos años. No hace demasiado tiempo, la mayor cantidad de armamento incautado era de armas hechizas o modificadas, la tendencia actual señala que se ha mantenido constante la incautación de armas de fuego originales.

Según la institución policial, si en 2016 se incautaron 84 armas hechizas a nivel nacional, en 2017 los decomisos bajaron a 76, mientras que entre enero y agosto del presente año se registran 43 confiscaciones de armas modificadas, lo que para la PDI es un indicador “de una modificación en las costumbres y en los usos por parte de la delincuencia organizada o de la delincuencia común”, la cual ha recurrido a testaferros sin antecedentes para realizar las compras, o a aprovechar las nuevas posibilidades de adquisición de pertrechos en mercados ilegales, un escenario que empieza a desplegarse, como ocurrió con la internación de armamento desde el extranjero, descubierta en la “Operación Houston”, que permitió a la PDI, fiscalía y Aduanas desbaratar el ingreso de armas ocultas en electrodomésticos.

Si bien para las situaciones extremas en otros países de la región como México y América Central, la cantidad de armamento ingresada por esta vía es baja, abre la interrogante de cuantos otros punto de ingreso pueden existir indetectablemente, o la posibilidad de introducir implementos de parecida naturaleza, que pueden modificar un arma básica, como una pistola, en una de tipo automático, con un gran aumento de su capacidad de fuego.

Los ajusticiamientos, o ajustes de cuenta, entre bandas de delincuentes que han causado justa alarma pública, dan cuenta, además, que la adquisición de armas es un poderosos incentivo para mejorar la capacidad de rivalizar y tomar control de territorios o determinados tipos de ilícitos, una realidad sorda que suele establecerse en zonas vulnerables de las grandes urbes.

En el caso de nuestro país, el sistema jurídico pone las trabas suficientes para que cada vez sea más difícil portar un arma de fuego en Chile, una característica de la cual debemos sentirnos orgullosos, pero esas limitaciones requieren como contraparte un control riguroso de la delincuencia, no es posible pedir a la ciudadanía que se desarme y no se vigile de cerca la siempre actuante delincuencia para hacer lo que su ingenio y recursos le permita.

Nuestro país es el segundo de todo el continente americano donde menos crímenes con armas de fuego existen gracias a la legislación actual. La tasa de homicidios en Chile es de 4,6 por cada 100 mil habitantes, mientras en Honduras la tasa es de 103 por cada 100 mil habitantes. Nuestro país no puede bajar la guardia, es tarea tanto de la policía como de la ciudadanía cuidar que las armas estén donde deben estar para la seguridad de cada chileno.

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