Editorial

La necesaria protección de la clase media chilena

Por: Editorial Diario Concepción | 12 de Abril 2018
Fotografía: Archivo | Copesa.

Una de las dificultades más grandes a la hora de diseñar políticas públicas es identificar, sin duda alguna, el objetivo que quiere lograrse, las medidas necesarias para conseguirlo y estimar los costos para implementarlas, de esa manera resulta altamente complejo desarrollar políticas para la clase media, por la básica razón de no saber exactamente quienes componen ese colectivo del cuerpo social.

Se ha comentado que, más que una categoría, la clase media es un cajón de sastre en el que se encuentra de todo, ambigüedad que se agudiza por la tendencia de grandes mayorías a ser parte de este colectivo, apartarse de la posibilidad de ser de la clase baja, de ser pobre y, por otro lado, el temor a ser clasificado como la clase adinerada y sus posibles connotaciones de responsabilidad, y compromiso tanto solidario como tributario. Por ese tipo de razones, la mayoría quiere declarase, ni más ni menos, que clase media, desde el candidato a la Presidencia de la República, hasta un modesto trabajador.

Sin embargo, hay allí una razón fundamental que permite explicar las características de la clase media chilena, la identificación con una posición social y cultural que está relativamente desvinculada de las condiciones materiales. En este sentido, ella es más el producto de una voluntad diseñar la propia vida, de la búsqueda de identificación con determinados valores y aspiraciones, más una forma de vida que el resultado de una fórmula con indicadores objetivos, como monto de remuneraciones o número de habitaciones de la casa.

Crear una “Red de Clase Media Protegida” fue uno de los anuncios del Presidente Sebastián Piñera en su discurso inaugural, lo que representó un quiebre paradigmático con el discurso tradicional de la derecha chilena, según el cual la preocupación del Estado debía centrarse en los más desposeídos, la clase social más vulnerable, dejando que la clase media aprendiera a desenvolverse y progresar insertándose en el mercado, valiéndose por sí sola.

Ese anuncio, que no fue otra cosa que uno de los aspectos destacados de campaña electoral, tuvo un impacto notable y en parte puede explicar el sólido respaldo de la ciudadanía a la hora de emitir su voto, ya que por demasiado tiempo se había ignorado la evidente fragilidad de la clase media y lo dramáticamente precarios que podían ser sus logros ante un cambio, ni siquiera excepcional, de las circunstancias, más la desprotección resultante de no estar contemplada en plan asistencial alguno.

La administración anterior cometió el error de minimizar y estigmatizar los deseos de movilidad social ascendente de la clase media, la rotuló como propia de una pequeña burguesía trepadora y aspiracional, sin reconocer la capacidad de estabilizar el desarrollo de la sociedad por esfuerzo propio, siempre que recibiera un indispensable apoyo, las nuevas clases medias están movidas por el deseo de vivir lo mejor posible antes, tener seguridad, un trato digno, poder educar bien a sus hijos.

La actual administración tiene el deber de cumplir con sus promesas a la clase media, ha expresado reiteradamente cuales deben ser las políticas para responder a sus naturales expectativas, los problemas emergentes no pueden ser excusa para desatender medidas postergadas por largo tiempo, sería repetir el error de subestimar la fuerza este colectivo en la emergente sociedad chilena.

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