Industriales aseguran que su regreso no aumentaría la cuota global del recurso.
Representantes de trabajadores y empresas del sector industrial respondieron a los cuestionamientos formulados desde los municipios de Lebu y Arauco contra el proyecto que busca autorizar nuevamente la captura de jibia mediante redes de media agua.
La iniciativa permitiría que la flota industrial extraiga el 10% que le corresponde dentro de la distribución del recurso. Sus partidarios proyectan la reactivación de embarcaciones y plantas procesadoras, mientras que pescadores artesanales y jefaturas comunales han advertido eventuales efectos sobre los precios, el empleo y la sustentabilidad.
Juan Carlos González, presidente del Sindicato Interempresas de Capitanes de Pesca, explicó que la cuota global alcanza las 200 mil toneladas, repartidas en un 90% para el sector artesanal y un 10% para el industrial. Según indicó, desde la entrada en vigor de la Ley N.º 21.134 se han capturado en promedio 86 mil toneladas anuales.
“Más del 50% de la cuota artesanal queda en el agua, y la industrial no se extrae por no poder utilizar el arte de media agua”, sostuvo.
González agregó que en 2018, cuando operaban cinco embarcaciones con ese método, el precio de playa llegaba a $1.400 por kilo, mientras que actualmente bordearía los $350.
El dirigente señaló que participarían como máximo siete embarcaciones, aunque el número final dependerá de las empresas. A su juicio, extraer las cerca de 19.500 toneladas correspondientes al sector podría activar más de 2 mil puestos de trabajo en procesamiento, transporte, logística y servicios.
El gerente general de PacificBlu, Marcel Moenne, también defendió el proyecto durante una audiencia de la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura del Senado.
“Antes de la entrada en vigencia de la actual Ley de la Jibia, PacificBlu llegó a generar 367 empleos directos vinculados a esta pesquería, un 62% de ellos ocupados por mujeres, además de más de 990 empleos indirectos”, afirmó. Según la compañía, la actividad aportaba alrededor de US$ 19,7 millones anuales al producto regional.
Moenne detalló que entre 2016 y 2018 la empresa compró un promedio anual de 5.142 toneladas de jibia a pescadores artesanales, mediante transacciones cercanas a $2.340 millones por año.
La empresa argumentó que las embarcaciones artesanales pueden operar, en promedio, cinco días al mes debido a las condiciones meteorológicas. Por ello, el ejecutivo planteó que “recuperar esta actividad permitiría construir un modelo productivo complementario”, aumentando la capacidad de compra y generando nuevos empleos.
Luis Cubillos, investigador asociado del Centro Copas Coastal del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción, explicó que la red opera sobre agrupaciones de jibia localizadas en determinados periodos frente al Biobío, particularmente cerca de la Isla Santa María.
“No es un arrastre de fondo, sino que es un arrastre pelágico en capas superficiales”, precisó. Añadió que, debido a la concentración del recurso, la captura puede alcanzar una selectividad cercana al 99,9%, con escasa fauna acompañante.
Cubillos indicó que el límite industrial podría transformarse en una restricción por la rapidez con que se consuma la cuota. En ese escenario, las plantas necesitarían complementar su abastecimiento con jibia artesanal, generando un potencial poder comprador.
Desde el punto de vista biológico, afirmó que ese 10% ya está incorporado en una cuota definida como aceptable, por lo que su extracción no aumentaría por sí misma el riesgo de sobrepesca.
También propuso revisar las reglas para que los pescadores artesanales puedan seguir a la jibia cuando se desplace hacia otras regiones. Para ello, sostuvo que los viajes deberían documentarse, con el propósito de evitar la pesca ilegal y reducir conflictos por el uso de infraestructura en otras caletas.
Por su parte, Hugo Arancibia, biólogo marino y exprofesor titular de la Universidad de Concepción, coincidió en que la cuota industrial representa una fracción menor frente a las capturas efectuadas en el Pacífico suroriental. Por ello, descartó que tenga un efecto relevante sobre la conservación del recurso.
Arancibia diferenció la red de media agua del arrastre utilizado para especies de fondo: “La pesca de arrastre de jibia ocurre en la parte superior de la columna de agua”, explicó. Según el especialista, la red opera entre 50 y 100 metros de profundidad y sin entrar en contacto con el suelo marino.