Especialistas sostienen que un aumento en la cantidad de micronegocios no siempre se traduce en un mayor dinamismo económico.
•El Biobío registra 127.791 microemprendedores y el 57% afirma haber iniciado su actividad por necesidad de generar ingresos.
•Los datos muestran brechas de ingresos y carga laboral, mientras expertos llaman a no confundir mayor emprendimiento con dinamismo económico.
En San Pedro de la Paz, Daniela Riquelme transformó un pasatiempo en su fuente principal de ingresos.
Relata que empezó vendiendo tortas y postres por redes sociales después de su jornada laboral y, al comprobar que los clientes regresaban con frecuencia, decidió dedicarse de lleno al negocio.
“Siempre tuve la idea de convertir mi hobby en un negocio”, contó, precisando que su decisión respondió a la posibilidad de desarrollar un proyecto propio más que a una urgencia económica.
La historia de Claudio Cifuentes, de Talcahuano, siguió un camino distinto. Tras perder su empleo y pasar meses sin encontrar trabajo estable, comenzó ofreciendo servicios de mantención domiciliaria para sostener sus ingresos.
“Después de quedarme sin trabajo no encontré otra pega estable durante varios meses”, recordó. Hoy reconoce que logró construir una cartera de clientes gracias a las recomendaciones, aunque plantea que su desafío actual es formalizar el negocio y hacerlo crecer.
En la Región del Biobío existen 127.791 personas microemprendedoras, pero detrás de esa cifra emerge una diferencia que marca el escenario económico local: más del doble inició su negocio por necesidad que por iniciativa propia.
Los datos muestran que el 57% de los microempresarios declaró haber comenzado su actividad para generar ingresos ante la falta de alternativas, mientras que solo un 26,6% lo hizo tras identificar una oportunidad de negocio.
La brecha instala una lectura distinta sobre el crecimiento del trabajo independiente en la región, donde el emprendimiento aparece, en muchos casos, como una respuesta a un mercado laboral más complejo.
La encuesta también refleja que 74.528 hombres y 53.263 mujeres desarrollan microemprendimientos en el Biobío. La condición de trabajo por cuenta propia es mayoritaria en ambos grupos, aunque alcanza un 90,3% entre las mujeres, frente al 82% de los hombres.

Freepik.
El académico de la Facultad de Economía de la Universidad del Biobío, Mauricio Leiva del Campo, planteó que los resultados requieren una interpretación cuidadosa.
Explicó que la encuesta fue levantada durante 2025 y recoge información sobre negocios que ya existían, por lo que no permite afirmar que el desempleo actual haya generado directamente nuevos emprendimientos.
Sin embargo, sostuvo que los motivos declarados evidencian un fenómeno más profundo.
“Para una parte importante de quienes emprenden en la región, crear un negocio ha sido una forma de obtener ingresos cuando el mercado laboral no ofrece suficientes alternativas”, afirmó.
El especialista añadió que durante el último año el número de trabajadores por cuenta propia aumentó 10,8% en Biobío, mientras que los asalariados formales disminuyeron 4,5% y la informalidad también registró un incremento. Aunque ambas tendencias ocurren de manera simultánea, advirtió que no existe evidencia suficiente para establecer una relación causal entre ellas.
En ese contexto, llamó a evitar conclusiones simplistas.
“La coincidencia no demuestra una relación causal, pero aconseja no interpretar todo aumento del emprendimiento como una señal inequívoca de dinamismo regional”, señaló.
Los datos regionales también revelan diferencias importantes en los resultados económicos de quienes emprenden.
La ganancia media mensual alcanza los $742.926, aunque existe una marcada brecha por género: los hombres registran un promedio de $893.367, mientras que las mujeres llegan a $532.422.
Leiva explicó que emprender por necesidad no determina el futuro de un negocio, pero sí condiciona su punto de partida.
Recordó que la ganancia promedio regional se ubica cerca de un 10% por debajo del promedio nacional, por lo que muchas personas priorizan obtener ingresos inmediatos antes de enfrentar desafíos como aumentar la productividad, acceder a financiamiento o encontrar nuevos mercados.
El académico también cuestionó que históricamente las políticas públicas hayan concentrado sus esfuerzos en aumentar el número de emprendedores.
“Durante años hemos asociado el fomento productivo con la creación de más emprendedores”, afirmó, agregando que el verdadero desafío comienza cuando terminan las capacitaciones y la entrega de recursos iniciales.
Las dificultades no solo aparecen entre quienes emprenden por necesidad. Melissa Muñoz, fundadora y desarrolladora de AutistApp, aseguró que los proyectos de innovación social enfrentan obstáculos distintos a los emprendimientos tradicionales.
A su juicio, existe una contradicción entre el discurso que valora la innovación y las herramientas disponibles para quienes buscan desarrollar empresas con impacto social. Explicó que muchas veces se espera que estas iniciativas funcionen desde la lógica de la filantropía, pese a que también requieren modelos sostenibles para crecer y generar empleo.
“El mayor desafío es poder conjugar que se le dé la importancia y la relevancia también a estos proyectos de innovación social”, sostuvo, añadiendo que las métricas utilizadas para asignar financiamiento no siempre reconocen ese tipo de iniciativas.
La encuesta también deja en evidencia diferencias en la carga laboral. Las mujeres microemprendedoras destinan 11 horas y 19 minutos diarios al trabajo total, frente a las 10 horas y 43 minutos de los hombres.
La principal diferencia proviene del trabajo no remunerado: ellas dedican 5 horas y 25 minutos a tareas domésticas y de cuidados, mientras que los hombres destinan 2 horas y 52 minutos.