La sobrecarga y la tensión diaria tienen en jaque a muchas trabajadoras y trabajadores de la zona. Testimonios, gremios y expertos analizan el profundo desgaste que sufren sectores como la educación, el comercio y el transporte.
•El 62,4% de las enfermedades profesionales reconocidas en Biobío corresponde a salud mental.
•La región registró 702 casos en 2025, la tercera cifra más alta del país tras Metropolitana y Valparaíso.
“Llegó un momento en que sentía que no podía más”. Así resume Carlos Espinoza, profesor de Matemáticas de un colegio de Concepción, el punto en que decidió tomar una licencia médica.
La sobrecarga, las exigencias diarias y el desgaste emocional terminaron por afectar no solo su desempeño laboral, sino también su vida fuera del trabajo.
“Tenía que seguir haciendo mi trabajo, atender a los estudiantes y cumplir con todo, pero emocionalmente estaba agotado. Finalmente tuve que pedir licencia porque ya no estaba funcionando bien ni en el trabajo ni en mi vida personal”, relató.
Una experiencia similar describe Carmen Hinojosa, trabajadora del retail en la capital penquista, quien asegura que el estrés dejó de quedarse dentro de la jornada laboral.
“Una de las cosas que más me afectaba era tener que enfrentar constantemente a clientes molestos y, al mismo tiempo, cumplir con las metas y las exigencias de la empresa. Al principio uno trata de aguantar, pero después empiezas a llevarte ese estrés para la casa. La licencia fue necesaria porque ya estaba teniendo consecuencias en mi vida diaria”.
Historias como estas reflejan una tendencia que hoy queda respaldada por cifras oficiales.
Durante 2025, la Región del Biobío registró 702 enfermedades profesionales con incapacidad temporal reconocidas bajo la Ley 16.744, convirtiéndose en la tercera región con más casos del país, solo superada por la Metropolitana (4.886) y Valparaíso (752).
El informe territorial de la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) revela que el 62,4% de las enfermedades profesionales reconocidas en el Biobío corresponde a trastornos de salud mental, desplazando ampliamente a diagnósticos tradicionalmente asociados al trabajo, como las enfermedades musculoesqueléticas, respiratorias o dermatológicas.
Aunque la región presenta una proporción menor que territorios como Arica y Parinacota, donde las patologías psicológicas superan el 90% de los casos, la realidad local confirma que el principal desafío sanitario laboral ya no está únicamente en las lesiones físicas.
El panorama también evidencia la magnitud del proceso previo al reconocimiento oficial. Durante 2025 se presentaron 5.462 denuncias por enfermedades profesionales en el Biobío, equivalente al 6,4% del total nacional.
Sin embargo, solo una parte fue calificada como de origen laboral tras la evaluación técnica que realizan los organismos administradores del seguro.
A nivel país, apenas el 17,2% de las denuncias terminó siendo reconocida como enfermedad profesional, reflejando las exigencias para acreditar que existe una relación causal entre la condición de salud y el trabajo desempeñado.

El reporte también muestra diferencias por sexo. En el Biobío, el 59% de las enfermedades profesionales reconocidas corresponde a mujeres, mientras que el 41% afecta a hombres, manteniendo una tendencia que se repite en todo Chile.
La evolución de las cifras también confirma un cambio estructural. Mientras en 2021 la salud mental representaba el 55,8% de las enfermedades profesionales reconocidas a nivel nacional, en 2025 alcanzó el 77,8%, consolidándose como el principal diagnóstico asociado al trabajo.
A nivel local, este indicador pasó de un 42,4% en 2021 a un 62,4% en 2025.
En el Biobío, aunque las patologías musculoesqueléticas aún representan el 18,8% de los casos, el predominio de los trastornos psicológicos marca un cambio profundo en la naturaleza de las enfermedades laborales.
Desde la CUT Provincial Concepción, su presidente Mikel Capetillo sostiene que las cifras incluso podrían estar subestimadas.
“A pesar de que las y los trabajadores se atreven a denunciar más problemas de salud mental de origen laboral, sigue habiendo un subregistro importante”, afirmó.
El dirigente atribuye parte del fenómeno a que muchas personas postergan la consulta médica hasta que la situación se vuelve insostenible, especialmente en una región marcada por altas tasas de desempleo, bajos salarios y una carga adicional de cuidados que recae principalmente sobre las mujeres.
Capetillo identifica como sectores con mayor exposición psicosocial a la educación, la salud, el comercio, el transporte de pasajeros y la administración pública.
“Tienen que lidiar con usuarios que hoy en día se ven enfrentados al malestar y agresión de los usuarios. En el caso del transporte, lidiar día a día con los pasajeros, los dueños de las máquinas y las líneas de transporte los mantiene en un estrés constante”.
Para Raúl Ramírez Vielma, académico del Departamento de Psicología de la Universidad de Concepción, resulta fundamental distinguir entre un trastorno mental y una enfermedad profesional.
El especialista explica que la Ley 16.744 establece un criterio específico: no basta con que una persona presente una enfermedad mientras trabaja, sino que debe demostrarse que el ejercicio de la actividad laboral es la causa directa de esa condición.
Ramírez añade que ese proceso de denuncia, evaluación y calificación explica por qué no todas las licencias asociadas a salud mental terminan siendo reconocidas como enfermedades profesionales.
Sin embargo, considera que el aumento sostenido de estos diagnósticos demuestra que existe una creciente evidencia de que múltiples trastornos psicológicos están directamente vinculados con las condiciones laborales.
Desde la Seremi de Salud del Biobío coinciden en que las enfermedades profesionales asociadas a la salud mental responden a múltiples factores presentes en los entornos laborales, entre ellos, las altas cargas de trabajo, la falta de autonomía, los conflictos interpersonales, las situaciones de violencia o acoso laboral y las dificultades para conciliar la vida laboral con la personal.
“Resulta fundamental avanzar en la prevención y gestión de los riesgos psicosociales”, indicaron desde la repartición, agregando que actualmente el énfasis está puesto en fortalecer ambientes laborales saludables, la detección oportuna y la promoción de espacios de trabajo seguros para reducir el impacto que hoy tiene la salud mental en el mundo laboral del Biobío.