Se realizó el “Methanol Day (& Clean Fuels)”, el primer foro técnico-ejecutivo orientado específicamente a transformar el potencial regional en proyectos reales de metanol y combustibles sustentables.
El encuentro, desarrollado en Concepción, reunió a empresas industriales, desarrolladores, expertos internacionales, representantes del sector público y académicos, con el objetivo de cerrar las brechas técnicas, económicas y regulatorias que definirán la viabilidad de proyectos en un horizonte de 12 a 18 meses.
Más que un evento puntual, el Methanol Day fue la culminación de más de dos años de trabajo técnico–estratégico, destinados a convertir las ventajas comparativas del Biobío, base industrial madura, infraestructura portuaria y biomasa, además de CO₂ biogénico -dióxido de carbono liberado de fuentes orgánicas- en una ventaja competitiva concreta.
La directora de Corfo Biobío, Roberta Lama, afirmó que este tipo de instancias permiten “identificar el potencial real de la región no solo en hidrógeno verde, sino en el desarrollo de productos verdes con valor agregado, resolviendo dudas y alineando visiones sobre el futuro productivo”.
Su reflexión dialoga con un diagnóstico transversal: el Biobío ya no solo analiza escenarios, sino que comienza a perfilar cadenas productivas, inversiones posibles y mercados de destino, con énfasis en la exportación de combustibles limpios y en la descarbonización de su propia matriz industrial.
Alberto Coralli, Senior Consultant on Renewable Hydrogen de DNV (Brasil), sostuvo que la región presenta “un ecosistema muy atractivo para este tipo de proyectos, con una base industrial sólida y presentaciones de alto nivel técnico, relevantes tanto para desarrolladores con proyectos en operación como para quienes buscan iniciar nuevas iniciativas”.
En la misma línea, Thor Gallardo, Technology Manager for Clean Methanol and Ammonia de KBR, subrayó que el Biobío concentra “industria, capital humano, universidades, energía renovable y biomasa”, condiciones que, a su juicio, justifican enfocar el desarrollo de esta nueva industria precisamente aquí.
Álvaro Castro, asesor financiero en proyectos de hidrógeno renovable de GIZ Chile, destacó que se logró “abordar la cadena completa del metanol con una visión técnica integrada, entregando información concreta y no teórica, útil para la toma de decisiones y plenamente aplicable a otras cadenas energéticas e industriales”.
Para los asistentes, esta aproximación marca una diferencia respecto de encuentros centrados exclusivamente en la tecnología, dejando al descubierto la importancia de financiamiento, permisos y mercado.
¿Cómo es este proceso?
Uno de los pilares técnicos del debate fue el CO₂ biogénico, central para la producción de metanol y combustibles sintéticos. Andrea Moraga Paredes, gerente de la Unidad de Hidrógeno y Sostenibilidad del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad de Concepción, explicó que “el CO₂ que se utiliza en este proceso sale de la combustión, directamente de los procesos. Es una emisión que se va al aire y que es contaminante porque es un gas de efecto invernadero. Como las empresas de celulosa tienen bosques, los árboles lo que hacen en su proceso de fotosíntesis es tomar dióxido de carbono y convertirlo en oxígeno. Por eso se habla de carbono neutralidad: el mismo carbono que se emite es el que antes fue absorbido por los bosques”.
La producción de combustibles sintéticos o e-fuels se basa en combinar este CO₂ capturado con hidrógeno verde producido a partir de energías renovables.
Moraga recordó que existen distintas rutas tecnológicas, entre ellas el proceso Fischer-Tropsch, que permite sintetizar diésel y gasolina sintética con propiedades semejantes a los combustibles fósiles tradicionales.
“Existen distintas vías de convertir este hidrógeno y este dióxido de carbono en productos de hidrocarburos”, señaló, añadiendo que el cambio de paradigma consiste en replicar procesos industriales conocidos, pero con insumos sostenibles y energía limpia.
Asegura, además, que la discusión ya no es técnica: “Esto se está haciendo. Tenemos ejemplos en Magallanes (Haru Oni) y próximamente en Biobío, donde ya se construye una planta piloto (Synfuels Biobío). Incluso en laboratorios de la Universidad de Concepción estamos produciendo metanol. El desafío hoy es de escala: cómo hacerlo competitivo en costos y con clientes dispuestos a comprar esos productos”.
Mirada de actores de la Región del Biobío
Javier Sepúlveda, seremi de Economía, Fomento y Turismo del Biobío, enfatizó que el Ministerio de Economía, a través de Corfo, impulsa un programa estratégico regional de hidrógeno verde que busca convertir a la región en un polo de descarbonización industrial mediante la introducción del hidrógeno y sus derivados en procesos productivos y logísticos.
Aseguró que el metanol es uno de los componentes con mayor potencial para elaborarse a partir de hidrógeno verde, aportando competitividad a la industria local que ya utiliza esa molécula.
Sepúlveda remarcó además que los mercados internacionales demandan una baja huella de carbono en bienes y servicios, por lo que las políticas de estímulo a la producción y consumo limpios resultan esenciales para competir.
A su juicio, el Biobío tiene “una oportunidad muy histórica” para transitar desde una matriz basada en combustibles fósiles hacia una industria más descarbonizada, incorporando derivados del hidrógeno verde en distintos sectores.
El programa regional, explicó, ya cuenta con una gobernanza público-privada y ha avanzado en mapear usos potenciales en la industria petroquímica y logística portuaria. “Son grandes las oportunidades que se pueden dar en este campo, no solamente en el ámbito del metanol, sino que también otro tipo de combustibles, por ejemplo para la aviación, para los buques mercantes, también para el sistema logístico portuario”, comentó, destacando el amplio abanico de alternativas que se abre para la región.
La proyección al 2026 fue abordada con especial claridad por Arturo De la Sotta, CEO de P2X Consulting y consultor en energías renovables. A su juicio, “si los años recientes estuvieron marcados por anuncios, hojas de ruta y proyectos piloto, el 2026 debiera ser recordado como el punto de inflexión hacia una etapa más madura de la industria”, con menos promesas generales y más decisiones concretas.
Subrayó que el metanol se perfila como uno de los vectores más pragmáticos de la transición, pues “no parte desde cero” y es una molécula ampliamente conocida por la industria, lo que reduce barreras de entrada frente a alternativas que demandan infraestructura completamente nueva.
De la Sotta advirtió que las señales internacionales empujan en esa dirección. El transporte marítimo y la aviación avanzan hacia la reducción de emisiones y obligan a evaluar combustibles alternativos.
En ese escenario, el e-metanol se posiciona como opción técnicamente viable y regulatoriamente alineada con los mercados más exigentes, siempre que cumpla estándares de certificación y trazabilidad.
En ese marco, sostuvo que Chile y particularmente el Biobío cuentan con una oportunidad concreta, no basada en discursos sino en “capacidades reales”: base industrial instalada, tradición manufacturera, puertos, proveedores especializados y capital humano técnico, factores esenciales para integrar sistemas complejos de manera segura y confiable.
El consultor también destacó la posibilidad de articular hidrógeno verde con CO₂ biogénico y biomasa gestionada sosteniblemente como una ventaja adicional de la región, capaz de construir cadenas de valor con mayor contenido local y menor huella de carbono.
Mirando 2026 con realismo, planteó que no habrá volúmenes masivos inmediatos, pero sí un año de consolidación, con proyectos que avanzan hacia etapas más maduras, definen suministro eléctrico y de agua, logística y clientes, y enfrentan con mayor profesionalismo los procesos de permisos y relacionamiento territorial.