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Entrevista al carabinero guardador que debió escapar junto a su pequeña antes que la Justicia lo reconociera como padre

Desde Ancud, José Luis Paredes apoyó a Favio Ruiz y Vilma Araos, el matrimonio penquista que lucha por adoptar al niño que tienen como guardadores hace casi 19 meses. Recordó que, cuando su caso se conoció, los parlamentarios prometieron que la ley les daría prioridad, “pero no ha habido ningún cambio”, fustigó.

Por: Carolina Abello | 03 de Marzo 2019
Fotografía: Cedida | Diario Concepción

Hace ya casi seis años, la historia de José Luis Paredes, el carabinero de la 2ª Comisaría de Puerto Montt que huyó con la niña que cuidaban como guardadores con su esposa, Jocelyn Bahamondes, conmovió a todo Chile: desesperado porque no podían adoptarla, huyó por 11 días con la pequeña que en ese entonces tenía casi 3 años, y como no se podía revelar su nombre, era conocida como “Grillito”, en los medios de comunicación.

En ese entonces, la pareja de José Luis y Jocelyn no estaba casada, y como guardadores no podían adoptar, según el Sename. Habían recibido a la niña cuando tenía apenas 8 meses y cuando tenía dos años y medio les avisaron que debían entregarla, pues sería adoptado, a lo que ambos ser negaron.

Caso que recuerda al que hoy protagonizan Favio Ruiz y Vilma Araos, el matrimonio penquista que hoy quiere adoptar a B. , niño que cuidaron en calidad de guardadores desde que tenía cinco meses. Hoy, con dos años y dos meses cumplidos, Sename les ordenó que deben entregarlo, ya que fue decretada su adopción a otro matrimonio, pese a que ellos manifestaron su intención de adoptarlo, lo que fue ignorado por el organismo.

Hoy, José Luis Paredes formó una familia con su esposa, la pequeña Monserrat, ahora de 8 años, y sus hijos Emiliano (4) y el pequeño, Alonso, quien ya tiene dos meses. Recién en 2016 pudieron adoptar legalmente a la niña. Desde Ancud, entregó su apoyo al matrimonio Ruiz Araos en su lucha por adoptar al niño.

Apoyo de todos

José Luis sigue en Carabineros como cabo segundo, y desde allá ha seguido el caso del matrimonio penquista.

“Yo me la llevé (a Monserrat), porque no había nada más que hacer y tenía que evitar que me la quitaran, porque ahí no iba a poder luchar por adoptarla, sino que, por recuperarla, y si la daban en adopción eso iba a ser imposible”, recordó.

Para él, la clave fue el apoyo de toda la comunidad, que los reconocía a ellos como los padres de la pequeña. “Después de seis meses un niño pasa a ser tu hijo, entonces la gente nos apoyó. Sename nunca se preocupó del bienestar de la niña, nunca pensaron en si le podían causar algún trauma sacándola de la casa”.

José Luis recordó que, en los días de la fuga, “todo fue entre juego y paseo. Nos fuimos a Santiago, ella nunca se dio cuenta. Pero hace dos años le contamos la historia, en términos adecuados para ella, y le dijimos que siempre quisimos quedarnos con ella”.

Por eso, y en base a su experiencia, es triste ver cómo se repite su caso en el matrimonio Ruiz-Araos.

“Cuando esta historia se supo, el 2013, había diputados que dijeron que enviarían proyectos para cambiar la ley, y poder integrar a los guardadores al proceso de adopción. Han pasado cinco años y no ha habido ningún cambio”, fustigó el carabinero.

Paredes insistió en que los guardadores deberían ser evaluados como adoptantes y tener la prioridad para adoptar, lo que sigue sin ocurrir. Por eso, muchos padres guardadores lo llaman para consultarle cómo logró la adopción de la niña, a lo que él responde aconsejándolos y poniéndolos en contacto con las abogadas que llevaron su caso, Alejandra Mercado y Marianela Villarroel. Fueron ellas las que revelaron un dato clave: la ley no prohíbe que los guardadores adopten, sino que todo se reduce a protocolos de Sename.

Paredes recordó que en su caso fue clave el apoyo de los medios de comunicación: “en una oportunidad, me llamaron de Sename para una evaluación psicológica de la Montse. Y el psicólogo, delante de ella, me dice: ‘ella no se va, se queda con nosotros. Y yo ahí me enojé, porque no tuvo ningún tino. Le enrostré qué clase de profesional era para decirnos eso, y le avisé por mensaje a una periodista, que subió corriendo los 10 pisos, y ahí me dijeron: ‘no le vamos a poder quitar a la niña, porque llegó la prensa’. Ahí me dijeron que me la quitarían en una semana, por eso yo decidí desaparecer”.

Por eso, no dudó en darle el mismo consejo al matrimonio Ruiz-Araos, “porque uno pelea contra el Sename y los jueces, que no quieren romper los protocolos”.

El carabinero cuestionó la rapidez con que se quiere entregar al pequeño B. a otra familia, con la que no tiene apego alguno, a diferencia de este matrimonio, que lo ha cuidado por casi 19 meses.

“La única solución es esconderse, ahí recién los jueces se dan cuenta de que tienen que hacer que los niños no sufran, porque se supone que Sename está para cuidarlos, pero yo nunca he visto eso”.

José Luis recordó el momento en que Monserrat pasó a ser oficialmente su hija: “Ella le explicó que quería estar con nosotros, y el juez de Familia nos felicitó por su desplante y por lo bien criada que estaba. Eso demuestra que hicimos las cosas bien. Hay que recordar que los guardadores son una familia construida, y todo el amor va para esos niños que cuidan”.

Para el carabinero, esos años fueron de angustia y de incertidumbre: “Fue demasiado estresante. Es muy fuerte saber que a alguien de tu familia se lo pueden llevar de un día para otro, y no se puede hacer nada. La adopción fue algo impagable”.

EL CASO DEL CARABINERO y “Grillito”, captó la atención de todo Chile durante 2013.

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