Ciencia y Sociedad

Entre ciencia y ficción por el universo microscópico: libro infantil explora la mecánica cuántica

Por: Natalia Quiero 06 de Agosto 2026
Fotografía: Cedida | MIRO UDEC

Las cosas pueden estar en más de un estado a la vez, el vacío no está en silencio, el tiempo no transcurre siempre igual o mirar algo lo cambia. Es lo que descubren tres hermanos al seguir a un misterioso gato morado hasta un mundo pequeño donde rigen reglas distintas al grande que conocen y desafían al sentido común, iniciando una travesía por lo desconocido, sorprendente y elemental.

El mundo invisible: una aventura cuántica” es una historia de ficción para aproximar a niños y niñas los conceptos fundamentales de la física o mecánica cuántica, que explica cómo funciona la naturaleza a escala microscópica –muy distinta y contraintuitivo a lo macroscópico que rige la física clásica- y ha revolucionado desde la ciencia y tecnología hasta la sociedad con avances que son cruciales y cotidianos hoy.

Es el primer libro infantil escrito por la física penquista Carla Hermann, formada en pregrado y doctorado en la Universidad de Concepción (UdeC), actualmente académica del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio de Investigación en Óptica (MIRO) que lidera la UdeC, y divulgadora científica reconocida en redes sociales como @quantumcarla.

Publicado recientemente por la editorial B de Blok de Penguin Random House, la autora cuenta que la obra propone una forma innovadora y entretenida de abordar la física cuántica a lectores desde los siete años, escrito para que personas todas las edades aprendan y se maravillen, y que un experto en el área reconozca que las analogías y contenido respeta la teoría e historia.

Acercar hoy para el futuro

El motor de Carla Hermann para escribir un libro fue el anhelo de acercar a la niñez temprana el área en que trabaja diariamente y la apasiona para encantar con las STEM (acrónimo en inglés para ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas). Todo un reto, pero necesario, asegura.

“Gran parte de las brechas de género en las carreras STEM parten en la niñez y a la cuántica siempre la conocemos demasiado tarde, y es una de las razones por las que cuesta tanto entender el mundo cuántico”, advierte. “En el colegio vemos física clásica y nadie nos cuenta que existe un mundo invisible y mucho más fundamental que sostiene todo lo que vemos. Y cuando por fin nos lo presentan, ya de adultos, choca con una intuición que llevamos toda la vida entrenando solo con el mundo macroscópico y por eso parece incomprensible”, profundiza.

No obstante, cada vez es más crucial que se conozca y entienda: la mecánica cuántica puede parecer cosa de científicos en laboratorios y lejana para muchas personas, pero sus aplicaciones están en tecnologías que son parte de la vida y serán más importantes para las nuevas generaciones por las tecnologías cuánticas, las protagonistas de la próxima gran revolución tecnológica e industrial.

La doctora Hermann sostiene que “la mayoría de los niños, niñas y jóvenes de hoy van a trabajar con tecnologías cuánticas algún día, lo aseguro, y va a necesitar un mínimo de conocimiento de mecánica cuántica, como de inteligencia artificial”.

Al respecto, expone que principios del área se aplican en tecnologías como relojes atómicos que hacen funcionar GPS, láseres, resonancias magnéticas, semiconductores de cada dispositivo. Y también en lo que se viene con la computación cuántica, las comunicaciones ultraseguras y los sensores ultraprecisos.

Aunque destaca que su intención con la obra no es enseñar ecuaciones y definiciones complejas ni crear expertos en física cuántica, sino que despertar la curiosidad, intuición científica y capacidad de asombro desde edades tempranas que inste a estar preguntándose y buscando respuestas.

“Mientras antes empecemos a expandir la intuición científica y sensación de asombro, tanto mejor. Escribí este libro para llegar temprano: presentar a niños y niñas ese mundo asombroso, extraño y contraintuitivo que tiene una lógica propia”, manifiesta.

“La curiosidad hay que cuidarla, hacerla florecer y brillar”

Carla Hermann quiere que sus las niñeces descubran el pequeño universo asombroso y responsable del más grande que es la física cuántica con su libro “El mundo invisible: una aventura cuántica”, pero sobre todo busca promover la curiosidad, principal motor de la ciencia y los aprendizajes, también una actitud natural en máximo esplendor desde la infancia y que muchas veces se va apagando con el tiempo.

“Más allá de la física, quiero que niños y niñas sepan que preguntar nunca es malo y se atrevan a hacerlo, que a veces vamos a tener la respuesta y otras no, y no entender no es un fracaso y también es parte del conocimiento”, manifiesta.

De hecho, asegura que la ciencia avanza y se generan conocimientos porque alguien fue curioso, se atrevió a hacer una pregunta sobre algo desconocido o que desafía lo establecido y que no tenía respuesta, y se motivó a explorar para tener una.

En ese sentido, también releva el rol esencial de las familias y adultos significativos. “Si un hijo o una hija hace una pregunta de la que no se sabe la respuesta hay que celebrarlo e ir juntos a buscar la respuesta. La curiosidad hay que cuidarla, hacerla florecer y brillar, no matarla”.

Desafío necesario

Escribir su libro infantil, aunque necesario, no fue fácil para la física Carla Hermann, incluso con los varios años de experiencia haciendo investigación y divulgación para públicos de distintas edades que tiene esta científica que es también mamá de tres.

La mecánica cuántica tiene conceptos muy abstractos y de una complejidad que requiere de postgrados y varios años de estudio para para digerirla de verdad, por lo que el desafío era convertir estos principios en una historia comprensible para niños y niñas que respetara la rigurosidad.

“Y estaba la dificultad de construir el asombro. El mundo cuántico no se ve a ojo desnudo, así que el asombro hay que construirlo palabra a palabra”, enfatiza.

Y se pasaron todas esas pruebas, antes de ser publicado. “El libro se probó primero en la cancha más exigente que existe: mi propia casa. No escribí el que a mí me habría gustado escribir, sino el que mis hijos querían seguir leyendo”, afirma.

Para construir el relato se inspiró no sólo en su experiencia y conocimientos, sino también en las conversaciones con distintos colegas especialistas en distintas ramas de la física que fueron aportando ideas para convertir los conceptos complejos en una aventura entretenida.

Etiquetas

Notas Relacionadas