"Redes que Conservan" lo impulsa Fundación Chungungo y lideran mujeres costeras que han creado soluciones para reducir la captura incidental y proteger a chungungos.
“En todo lo que sea cuidar nuestra naturaleza, yo estoy ahí. Proteger y conservar el borde costero en Lota es un tema súper delicado, porque la gente no tiene mucha conciencia y no está sensibilizado que el mar es un bien para todos, para el ser que vive en el mar y nosotros. Por eso cuando me invitaron a trabajar para conservar al chungungo me interesó de verdad”.
Sara Carrillo, de 61 años e hija de minero del carbón, no sólo es artesana, folclorista y recolectora de luga, también es activista por la preservación del patrimonio natural y sociocultural que alberga la comuna donde se crió y que habita, porque su trabajo e historia vienen del océano y territorio.
Eso la llevó a implicarse este 2026 en una iniciativa que se sustenta en el rol comunitario para resguardar a especies que son tesoros invaluables y frágiles, siendo quien convocó a otras como ella a llevar adelante la misión de crear nuevas soluciones para cuidar la vida marina local desde la colaboración y sinergia de la ciencia con el saber tradicional.
“Redes que Conservan: Mujeres Costeras y Protectoras de la Fauna Marina” es un proyecto impulsado por Fundación Chungungo y financiado por el Fondo Costero de Costa Humboldt que propicia que participantes desarrollen soluciones innovadoras para reducir la captura incidental y riesgo de especies, particularmente el chungungo, nutria marina nativa de nombre científico Lontra felina y nombrada por los pescadores como “gato de mar”, de rol ecológico clave y catalogada “En Peligro” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
La iniciativa reúne a mujeres vinculadas históricamente al mar en un proceso de formación, colaboración y co-creación que integra saberes tradicionales, ciencia, educación ambiental e innovación. Y Sara Carrillo cuenta que ha apuntado a modificar las trampas que se usan para capturar jaiba, donde muchas veces quedan atrapadas accidentalmente otras especies como chungungos, para evitar que entrem.
Un animal con el que tiene vínculos de protección esta alguera que vive en un sector llamado La Ballenita en Lota.
“Los chungungos viven en Colcura, pero una vez encontramos una cría en el mío, andaba perdida, y la fuimos a dejar esperando que apareciera su mamá, y apareció y se la llevó. También últimamente hemos visto algunos ejemplares, quizá por las marejadas, y nos hemos preocupado de que no sean agredidos, ya que a veces salen de las rocas y los perros los atacan o la gente los espanta y daña porque no está concientizada. Y todo ha estado bien”.
Ella sabe y materializa el rol inigualable que el compromiso de la comunidad tiene para proteger su territorio y la biodiversidad, y afrontar retos críticos como la conservación, más allá de cualquier política pública, porque son quienes viven allí y lo conocen bien.
Así lo concibe el proyecto del que es parte. “Nadie conoce mejor un territorio que quienes lo habitan. Las mujeres que participaron llevan años observando el comportamiento del mar, las especies y mareas. Ese conocimiento no aparece en los libros, pero tiene un valor enorme. Y cuando logramos ponerlo en diálogo con la ciencia las ideas se vuelven más reales, útiles y conectadas con las necesidades del territorio”, sostiene Tamara Huerta, presidenta de Fundación Chungungo, ingeniera en Conservación de Recursos Naturales y especialista en ecología marina.
Aunque afirma que ese saber que existe desde generaciones pocas veces se reconoce como aporte para las soluciones en torno a desafíos como la conservación. Algo que escucharon en diversas instancias y decidieron cambiar con este proyecto.
También relevar el papel clave y muchas veces invisibilizado de las mujeres. “Por mucho tiempo ellas han estado presentes en la pesca artesanal y el cuidado del borde costero, pero han tenido pocas oportunidades de participar en espacios donde se diseñan nuevas soluciones. Verlas aportar ideas, debatir, crear y validar propuestas nos recuerda que la innovación también puede construirse desde sus experiencias”.

El Fondo Costero de Costa Humboldt busca apoyar proyectos orientados al desarrollo sostenible de comunidades costeras, promoviendo acciones que fortalecen la conservación de los ecosistemas marinos y el bienestar de quienes dependen de ellos, tal como lo ha propiciado “Redes que Conservan: Mujeres Costeras y Protectoras de la Fauna Marina” que ha impulsado en Lota la Fundación Chungungo y al que le ha dado vida la propia comunidad de recolectoras de orilla.
Desde la organización cuentan que la iniciativa impulsa un modelo de innovación social y ambiental basado en la colaboración y co-construcción de soluciones, integrando el conocimiento local con la ciencia para crear una herramienta que aporte una solución concreta a desafíos de conservación de una especie nativa y clave en los ecosistemas como el gato de mar.
En este sentido fue que las propias mujeres participantes identificaron los principales retos de las artes de pesca tradicionales y trabajaron en conjunto para buscar alternativas más seguras para la fauna marina. Así, se han propuesto modificaciones a las trampas de pesca, añadiendo implementos como barritas que eviten que el chungungo entre.
Para llegar a ello, el proceso ha incluido diversas actividades de formación y acompañamiento técnico de la Fundación Chungungo e intercambio de experiencias.
En los últimos meses, las participantes han recorrido una ruta formativa que incluyó talleres sobre biodiversidad costera, ecosistemas marinos, especies protegidas, creatividad, prototipado y técnicas de diseño colaborativo, además de salidas a terreno para reconocer la biodiversidad presente en su territorio. Y así han identificado desafíos comunes, y construido soluciones que son concretas desde y para el territorio.
Además de las innovaciones en las trampas, en el marco del proyecto está en desarrollo una publicación comunitaria que rescata recetas tradicionales, relatos y memorias ligadas al mar, poniendo en valor el patrimonio cultural costero y también el rol histórico de las mujeres en las comunidades pesqueras.
“Una de las cosas más valiosas de este proyecto fue ver cómo muchas de las mujeres participantes comenzaron a reconocer que el conocimiento que han construido durante toda una vida también tiene un enorme valor para la conservación. Y para nosotras ha sido un privilegio poder acompañar ese proceso”, manifiesta Tamara Huerta, presidenta de la Fundación Chungungo, para cerrar.