Cada 13 de julio se conmemmora el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), en una fecha que busca visibilizar esta condición del neurodesarrollo.
El TDAH corresponde a una neurodivergencia que se manifiesta, principalmente, en tres ejes sintomáticos:
Falta de atención: corresponde a la dificultad para mantener la concentración en los detalles, olvidos frecuentes y problemas para organizar tareas.
Hiperactividad: las personas con TDAH suelen tener la necesidad constante de movimiento, inquietud motora y dificultad para realizar tareas de manera tranquila.
Impulsividad: se trata de la dificultad para esperar turnos y regular reacciones emocionales como la frustración.
Estos síntomas se traducen en tres tipos de TDAH: déficit de atención con hiperactividad, con predominio de inatención; déficit de atención e hiperactividad, con predominio de impulsividad-hiperactividad; y Déficit de atención con hiperactividad (combinado).
Las personas que cuentan con esta neurodivergencia pueden obtener apoyo a través de un manejo multidisciplinario con pilares a cargo de neurología, psicología, psicopedagogía y terapia ocupacional. Esto puede llegar a ser necesario en caso de que el TDAH afecte la concentración en los estudios o la productividad en el trabajo y otras áreas del desarrollo.
También, la terapia conductual desde edad temprana puede contribuir en el caso de los niños y adolescentes. Esto suele venir de la mano de capacitación para los padres de quien cuenre con esta condición.
Si bien también existe el tratamiento con fármacos, la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) recomienda la capacitación de los padres en manejo conductual como primera línea de tratamiento, antes de que se pruebe con medicamentos.
Además de las infancias, también se da el caso de adultos que obtienen sus diagnósticos a edad avanzada. En estos casos, pueden darse distintos tratamientos como medicamentos, sicoterapia, educación o capacitación, o una combinación de más de uno.