Ciencia y Sociedad

Hallazgo con aporte de científica local: revelan mecanismo celular del desarrollo de cáncer de mama

La bioingeniera UdeC Valentina Opazo lideró análisis bioinformáticos que identificaron una huella biológica que deja el tejido mamario denso.

Por: Natalia Quiero 18 de Junio 2026
Fotografía: Cedida

¿Por qué las mujeres con un tejido mamario denso, posible de detectar con una mamografía, tienen mayor riesgo de desarrollar cáncer?

Por muchos años la ciencia ha buscado responder esta pregunta en torno a un fenómeno conocido y no comprendido sobre la patología oncológica más común y mortal para las mujeres, y recientemente se halló una posible respuesta biológica en un estudio de investigadores de Estados Unidos y Chile, con crucial aporte de la científica local Valentina Opazo, bioingeniera y magíster en Bioquímica y Bioinformática de la Universidad de Concepción (UdeC).

La asociación estadística entre la condición y el riesgo se sabe hace tiempo, pero sin precisión sobre mecanismos implicados, y por primera vez se propone una explicación molecular y celular con el trabajo liderado por investigadores de la Universidad de California San Francisco (UCSF), y contribución del Centro Ciencia & Vida de la Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián.

Este hito se publicó en Cancer Cell, la revista de mayor impacto en investigación oncológica básica, y se destacó en su editorial firmada por especialistas de la prestigiosa Clínica Mayo, donde se describió como un avance que cierra una brecha de conocimiento sobre la mecanística que por años de estudios no se había logrado.

Incógnita y respuesta

Cómo la rigidez (fibrosidad o dureza) del tejido de la mama se traduce en daño genético permanente, proliferación de células tumorales y desarrollo de cáncer era el proceso en específico que causaba la incógnita que motivó a esta investigación.

Al analizar el ADN y evaluar las mutaciones encontramos que el tejido mamario fibroso cambia dónde se ubican las mutaciones y genera un perfil de mutación en el ADN que es consistente en pacientes, es decir, es trazable, no azaroso”, explica la doctora Valentina Opazo, asistente de investigación del Laboratorio de Microambiente Tumoral y Metástasis de la Fundación Ciencia & Vida.

En específico sobre el mecanismo biológico, los análisis permitieron concluir que en algunos tejidos el microambiente fibroso altera a células del sistema inmune y las convierte en agentes que dañan a las células sanas que las rodean, generando alteraciones que dejan una marca genética única.

Y el tejido rígido cambia dónde están y qué características tienen las mutaciones, encontrándose en sitios específicos e identificables, lo que permitió entender cómo se va transformando durante el desarrollo de la enfermedad.

Para llegar al hallazgo fue clave la contribución que hizo el equipo chileno desde la bioinformática, lo que estuvo a cargo de la doctora Opazo. El trabajo consistió en estudiar y cruzar datos de cerca de 700 pacientes con cáncer de mamas junto a análisis de muestras generadas en modelos experimentales en la UCSF.

Al respecto, la científica destaca que los hallazgos refutan lo primero que teorizaron, que iban a encontrar que en el tejido mamario más fibroso había más mutaciones que uno menos denso, mientras muestran que dejan una huella única.

Y en ello se visualiza el gran potencial de impacto futuro de este descubrimiento, hacia la transformación de la pesquisa y prevención del cáncer, porque si se lograra identificar esta huella a tiempo se podría llegar a saber si una mujer desarrollará la enfermedad antes de que aparezca el tumor.

Del hallazgo al impacto clínico y social

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se diagnostican 2,3 millones de casos y fallecen 670 mil mujeres por cáncer de mama en el mundo. En Chile, el Ministerio de Salud y Globocan registran más de 5.600 nuevos casos y de 2.200 muertes anuales.

Estas lamentables cifras le transforman en el cáncer más común y primera causa de muerte oncológica en la población femenina a nivel nacional y global, con muchos casos en que se llegó demasiado tarde al diagnóstico y/o las terapias no resultaron efectivas.

En ese escenario el reciente estudio y hallazgo sobre el comportamiento biológico del tejido mamario denso y el desarrollo de la patología podría abrir caminos que lleven a vitales impactos de lo clínico a lo social, tanto para detectar el riesgo anticipadamente como diseñar alternativas terapéuticas más exitosas, según expone la bioingeniera y magíster UdeC Valentina Opazo.

Al respecto, releva que en el futuro se podría utilizar esta información para predecir la formación del tumor en estadios tempranos de la fibrosis, e intervenir procesos antes que llegue al cáncer. “En una mamografía se puede observar que un tejido está fibroso antes de saber o pensar en un cáncer. Entonces, a esas pacientes se les podría hacer análisis adicionales e identificar que tiene estas firmas mutacionales”, aclara.

En ese sentido, sostiene que la implicancia clínica más inmediata y concreta es que una mamografía densa deje de ser sólo un factor de riesgo estadístico y tenga un correlato molecular específico.

El descubrimiento también aporta evidencias que podrían ayudar a explicar por qué hay ciertos tratamientos oncológicos con eficacia menor a la esperada: se dirigirían a blancos que no llegan a todos los puntos donde hay mutaciones y daño genético. Y así podrían decir puntos clave a bloquear para que la enfermedad no progrese.

“Hasta el día de hoy no hay una única cura a pacientes con cáncer y es porque hay implicados muchos mecanismos celulares y moleculares que todavía no entendemos. Entonces, entender bien cuál es el comportamiento de una célula tumoral frente a distintos factores, como un tejido rígido, permite a largo plazo dirigir terapias a estos procesos que no estamos considerando”, manifiesta la científica.

Para avanzar hacia dichos logros es crucial seguir investigando, respondiendo interrogantes y profundizando conocimientos sobre el desarrollo del proceso.

Sobre el siguiente paso y reto científico afirma que “ahora viene abordar la temporalidad para entender cuándo ocurren estos cambios en el ADN y tratar de conectar eso con un trabajo preventivo”.

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