Ciencia y Sociedad

Juego activo: conducta natural y para el desarrollo que urge incentivar en la infancia presente

Moverse y jugar ha sido parte de la evolución humana, pero generaciones de hoy se mueven menos y juegan menos activo que en el pasado por cambios sociales.

Por: Natalia Quiero 13 de Junio 2026
Fotografía: Cedida | Contexto | Pexels

“Protege el juego, protege la infancia” es el lema 2026 del Día Internacional del Juego, impulsado por Naciones Unidas, Unicef y Unesco para cada 11 de junio para relevar y promover una acción natural, universal y trascendental desde tiempos inmemoriales, consagrada en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño que Chile ratificó en 1990, pero que se rodea de particularidades y retos en la sociedad contemporánea.

Jugar es más que recrearse, en sí un valor crucial para el bienestar en toda edad, también es motor de desarrollo integral, y si incorpora movimiento corporal suma los efectos positivos para la salud de la actividad física, sostiene el doctor Rafael Zapata, miembro del Comité Ejecutivo del Centro de Vida Saludable de la Universidad de Concepción (UdeC) y académico investigador de la carrera de Kinesiología de la Facultad de Salud de la Universidad Santo Tomás, quien ha participado en distintos trabajos en torno a esta temática.

Menos juego activo

Ante ello, el juego activo se considera una estrategia cada vez más urgente de promover para combatir al nocivo y prevalente sedentarismo e incentivar la vida activa, libre y sana que disfrutaban y caracterizaba a las infancias del pasado.

Zapata alerta, como confirman varias investigaciones, que niños y niñas actuales se mueven menos y juegan menos activo que las generaciones pasadas, que sus padres o abuelos. Y si bien las necesidades de moverse y explorar el entorno no han cambiado para nuestra especie, lo ha hecho el contexto en que nos desenvolvemos.

“El juego ha acompañado la evolución humana durante miles de años, pero el entorno donde crecen los niños ha cambiado profundamente en pocas décadas. El juego activo ha disminuido por tendencias globales relacionadas con el aumento del tiempo frente a pantallas, la urbanización y cambios en los estilos de vida familiares”, expone.

Disponibilidad permanente de dispositivos electrónicos, reducción de espacios públicos seguros, y aumento de actividades recreativas sedentarias son factores que se traducen en que niños y niñas estén más encerrados, sentados, inactivos y también solos.

Y eso puede traer repercusiones negativas a nivel individual y colectivo, en lo físico, mental y social. Y por eso se ha vuelto necesario fomentar algo que es natural mediante distintas iniciativas, incluyendo políticas públicas.

Beneficioso juego

El doctor Zapata explica que jugar es una conducta biológica fundamental presente en seres humanos y muchos animales, con funciones de entretención y mucho más: es un mecanismo natural a través del cual niños y niñas, y personas de todas las edades, exploran su entorno, adquieren conocimientos diversos y desarrollan habilidades cognitivas y socioemocionales como creatividad, toma de decisiones, resolución de problemas, gestión emocional y relacionarse con otros.

El juego activo potencia los efectos positivos en la salud física y mental. “Hoy sabemos que el movimiento fortalece músculos y huesos, y participa en procesos relacionados con la atención, el aprendizaje y la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para adaptarse y desarrollarse”, destaca el investigador.

Y en todo el ciclo vital puede traer beneficios el juego activo, aunque asegura que las evidencias demuestran que es especialmente relevante en la primera infancia. “Esta etapa se caracteriza por una elevada plasticidad cerebral y la consolidación de las habilidades motoras fundamentales como correr, saltar, lanzar o atrapar, que desde el punto de vista del desarrollo son comparables al aprendizaje de la lectura, ya que constituyen una base sobre la cual se construyen competencias más complejas durante el resto de la vida”, sostiene. También se construye las bases en cuanto a los hábitos y personalidad.

Sobre ello, expone que varios estudios han mostrado que niños con mejor competencia motriz tienden a ser más activos físicamente y con mejores indicadores de salud en etapas posteriores, por lo que en el contexto actual es especialmente crítico propiciar oportunidades de juego activo en las primeras etapas de la infancia.

Beneficios del juego activo: entre evidencias y desafíos

Por todo lo positivo que se sabe del juego activo y las preguntas que existen en torno a distintas aristas que permitan hacer recomendaciones cada vez más contundentes, un grupo de investigadores del que formó parte el académico Rafael Zapata desarrolló una revisión a diversos estudios internacionales para determinar las características y efectos del juego activo en la infancia.

El análisis fue a 14 investigaciones sobre intervenciones basadas en juego activo que incluyeron a más de 1.400 participantes, principalmente implementados en contextos escolares y al aire libre. Este trabajo, cuyos resultados se publicaron recientemente en la revista Retos, tuvo como principal objetivo identificar qué tipos de intervenciones se han desarrollado, qué resultados han reportado y cuáles son las principales brechas de investigación.

“Uno de los hallazgos más interesantes fue que aproximadamente el 65% de los estudios reportó mejoras significativas en al menos una dimensión del desarrollo infantil, ya sea motora, social, emocional o cognitiva”, asegura Zapata.

En este sentido, resalta que los resultados más consistentes se observaron en habilidades motoras, actividad física y socialización. En torno a beneficios cognitivos y emocionales las evidencias son prometedoras, aunque más variables.

Justamente, se reconoció alta heterogeneidad de las intervenciones, variables en tipo de juego, dosis, frecuencia y duración, abriendo brechas de comprensión y aplicación.

Frente a ello, aclara que desde una perspectiva científica los hallazgos muestran que el juego activo es beneficioso, aunque no siempre funciona de la misma manera, existiendo una tendencia favorable que debe seguir investigándose con metodologías más rigurosas que permitan medir bien todos los beneficios, además de estudiar si los beneficios observados durante la infancia se mantienen a largo plazo.

Señales de avances

Y desde el punto de vista de salud y social las evidencias demuestran con claridad que el juego activo se debe incentivar.

“El desafío es comprender que el juego activo es una necesidad para el desarrollo saludable de niños y niñas. Cuando un niño juega activamente no sólo está moviendo su cuerpo, también está construyendo habilidades que pueden influir en su salud, bienestar y desarrollo futuro”, manifiesta el investigador.

Y es por eso que existe la convicción e interés de que las evidencias de las que se disponen se puedan traducir en decisiones concretas para generar estrategias y políticas públicas que permiten diseñar entornos educativos y sociales más activos y sanos que favorezcan el bienestar infantil, línea en la que Chile da señales de avance, aunque esto también requiere esencialmente acciones desde los núcleos más íntimos.

El doctor Zapata expone que a nivel internacional existe creciente interés por integrar el movimiento dentro de la jornada escolar. Y en el país, además de experiencias puntuales innovadoras en distintos establecimientos dos nuevas legislaciones apuntan a esa línea.

Hace pocos meses se promulgó la Ley N° 21.778, ley de 60 minutos, que obliga a establecimientos a incorporar al menos una hora diaria de dinámicas activas a la jornada escolar para combatir el sedentarismo y se implementará de forma escalonada desde 2027. Haciendo sinergia con cambiar los hábitos, desde este año la Ley 21.801 regula y prohíbe el uso de celulares y otros dispositivos dentro de establecimientos en toda la jornada si no es con fin pedagógico o casos puntuales justificados, propiciando que cada vez más los escolares compartan y se muevan más.

En este sentido, precisa que “las estrategias con mayor respaldo científico incluyen el juego al aire libre, los recreos activos, las clases físicamente activas y los descansos activos. Estudios recientes muestran que estas intervenciones pueden favorecer la atención, algunas funciones ejecutivas y el comportamiento en el aula sin perjudicar el aprendizaje académico”.

Eso sí, releva que las oportunidades de juego activo fuera del horario escolar son igual de relevantes y necesarias, y que la familia tiene un rol fundamental en el reto.

“A nivel familiar, muchas veces las estrategias más efectivas son las más simples: caminar al colegio cuando sea posible, visitar plazas y parques, organizar juegos al aire libre los fines de semana, establecer momentos libres de pantallas. No se trata necesariamente de practicar deporte organizado todos los días, sino de recuperar oportunidades cotidianas para moverse, explorar y jugar”, sostiene.

Y la sociedad debe propiciar que existan entornos accesibles y seguros para desenvolverse activa y libremente.

“La ciencia todavía tiene mucho que descubrir sobre este fenómeno, pero los datos actuales permiten afirmar que proteger y promover oportunidades de juego activo es una inversión relevante para el desarrollo infantil y para la sociedad en su conjunto”, concluye Zapata.

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