Carta al director

Niños y niñas, de refugios y responsabilidades

Por: Diario Concepción | 24 de Mayo 2019
Fotografía: Cedida

El calvario que vivió un abuelo chileno, radicado en Suecia, por rescatar a sus siete nietos de un refugio en Siria, es conocido por todos, pero al menos amerita una reflexión. ¿Por qué en nuestra cultura cuesta tanto entender el valor que tiene un niño? Y no refiero el problema desde el punto de vista teórico, pues está consagrado universalmente. Sin embargo, las instituciones internacionales y locales, que formalmente se preocupan por los niños, resultan insuficientes, parciales y paliativas. Y no hay certeza si hay doble estándar o simplemente impotencia frente a otras instituciones poderosas que amagan seriamente a los niños.

La industria hollywoodense, no obstante, brinda alegría a millones de personas, ha explotado sistemáticamente a los niños y cuando dejan de serles útiles, los abandona a la deriva. Y no está ajena la angelical y graciosa Disney. Es probable que suceda en todos los países en el ámbito del cine y la televisión. Ocurre en nuestro país. Y es paradojal, o ¿congruencia ideológica? que este mundo de celebridades, a todas luces paralelo, es dominado por el progresismo y los más variados deconstructivismos. Y tienen una entusiasta compañía en la izquierda radical. Pero, no siempre fue así en Chile; cuando el gran cineasta Aldo Francia filmó “Valparaíso mi amor”, película de corte neorrealista, empleó niños, pobres como sus mismos personajes; fue una experiencia dura; en un momento, por exigencia del libreto, una niña recibe una bofetada de su “madre”, la protagonista de la acción, la inolvidable actriz Sara Astica, se lanza a sus pies para pedirle perdón, la abraza y llora largamente junto a ella.

¿Qué ha pasado en nuestra sociedad que nuestros niños no ocupan el lugar de privilegio que les corresponde? ¿Qué desvarío hace que se interprete de manera tan abusiva la Constitución? De manera clarísima dice en el artículo primero “las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos. La familia es el núcleo básico de la sociedad”. Y en el cap. III, artículo primero “… la ley protege la vida del que está por nacer…”. El lugar natural y más efectivo refugio de niñas y niños es la familia.

A inicios del 70, el presidente Eduardo Frei Montalva en una decisión de futuro dictaba la ley de jardines infantiles y en paralelo, el doctor Fernando Monckeberg se convertía en el artífice de la erradicación de la desnutrición infantil en Chile. ¿En qué momento nos alejamos de esa senda virtuosa por proteger a los niños en todos los frentes? ¿Qué locura aconteció para que se matase niñas en centros llamados a protegerlas? ¿Qué decir de instituciones que en su doctrina establece como sagrada la inocencia de sus niños y la quebranta con sus abusos y perversión? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI haya 575 niños en la intemperie permanente y cientos vivan todo el día al lado de familiares, trabajando para sobrevivir, en las calles de las principales ciudades del país?

Y si el Estado y sus entes administrativos no escuchan el “Yo Acuso” de un humanista, quizá les haga sentido lo que sostiene James Heckman, Premio Nobel de Economía 2000, respecto de lo importante que es invertir en la primera infancia; él dice que es 7 veces más rentable; como persona de fe, manifiesto que es 70 veces 7 más rentable invertir en los niños.

Salvador Lanas Hidalgo
Director académico de Escuela de Liderazgo
Universidad San Sebastián

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