Carta al director

La Transición no ha terminado

Por: Diario Concepción | 30 de Noviembre 2018

Señor Director:

Octubre abrió, como cada año la discusión respecto del triunfo del No, sus consecuencias y su influencia en la “transición a la democracia”, dejándonos una vez más con una deuda, una evaluación incipientemente sólida de lo que vivimos y de los resultados obtenidos. A pesar de la inmensa alegría ante ese hito histórico, el triunfo del No trajo bajo la manga un sabor amargo que sólo se pudo constatar con el paso del tiempo.

La alegría del arcoíris tampoco llegó con los triunfos del conglomerado democrático. Disfrutamos un espejismo que hoy, mirando hacia atrás, se diluyó en buena parte. Sí, porque la transición, que sostengo, no ha terminado, dejó muchas tareas pendientes y ripios en el camino, piedrecitas o “rocas” que impiden completar realmente la transición y dar paso a una real y sólida democracia, que es lo que la ciudadanía aún espera y la que la tiene frustrada y retraída.

Todos y cada uno de los que participamos en la lucha democrática esperábamos una democracia sólida, con partidos limpios, transparentes, con dirigentes honestos y comprometidos con la participación ciudadana en el proceso y no una democracia a medias, pactada, y con partidos transformados en máquinas de poder con muchos de sus dirigentes corruptos y comprometidos con el poder del dinero.

Entre las grandes tareas aún pendientes en este proceso de transición, es dotar al país de unas Fuerzas Armadas y de Orden, comprometidas con la democracia, limpias, transparentes, y sometidas al Poder Civil y con una estructura administrativa y de funcionamiento marcada por una férrea ética profesional y transparencia. En lugar de eso, heredamos de la dictadura, unas Fuerzas Armadas y de Orden autónomas, con corrupción instalada, con una institucionalidad que las deja desprovistas de controles en sus procedimientos administrativos y financieros, con privilegios en salarios, previsión, salud y pensiones… privilegios muy significativos e importantes en comparación con el resto de la población.

Hoy, después de descubrir estafas, mentiras y vinculación de personal policial en hechos delictuales, se pone el grito en el cielo. Nadie quiere reconocer que lo que sucede, no es más que la falencia de un proceso democratizador que no ha sido capaz de meterse en un punto sensible.

Dotar a las Fuerzas Armadas y de Orden, de una “nueva y democrática doctrina de Seguridad Nacional, que contenga un riguroso proyecto de democratización de estas instituciones y que sean fiscalizadas por un poder civil con un sostén constitucional sólido.

De tener una democracia sólida, no tendríamos a carabineros asesinando a nuestros hermanos mapuches, adulterando pruebas ni tendríamos un gobierno militarizando La Araucanía para pagar compromisos electorales a sectores recalcitrantemente derechistas.

Finalmente, si nuestra democracia estuviera realmente consolidada, tendríamos resuelta la deuda con nuestros pueblos ancestrales. Nada hemos avanzado en estos temas.

Juan Luis Castillo Moraga

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