Carta al director

Educación afectiva: ¿Problema u oportunidad?

Por: Diario Concepción | 05 de Julio 2018
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Llevaba un par de días de asumido en mi cargo como seremi, presentándome en múltiples audiencias, de oficina en oficina, cuando en medio de eso, veo a una mujer acompañada de otra que parecía ser su amiga. Las saludé y pregunté qué necesitaban, y me respondieron que estaban esperando conversar con un funcionario sobre “algo muy delicado”, todo acompañado de la voz entrecortada y los ojos llorosos de una de las mujeres.

Las invité a pasar a mi oficina, en donde una de ellas me comenta que su hija de 9 años llegó ayer a la casa con una lesión muy grave producto de un eventual ataque de un compañero, por lo que decidió presentar una denuncia, minutos antes, en la superintendencia de educación. Después de conversar extensamente sobre la situación, y luego de corroborar que la denuncia había sido exitosamente recepcionada, le pregunté con mucha naturalidad “¿qué esperas? ¿qué quieres que ocurra ahora?”, a lo que me contesta “Esta no es la primera vez y no puedo esperar que la próxima sea algo aún peor”. Situaciones como estas nos tienen que llamar la atención y poner en estado de alerta frente a un fenómeno muy complejo, y que muchas veces desborda el ámbito estrictamente escolar.

Con el pasar de las semanas, he podido constatar que los problemas de convivencia son una de las principales preocupaciones de los apoderados y de las comunidades educativas, lo que ha empujado al alza el número de denuncias ante el ente fiscalizador. La preocupación no solamente es legítima, sino que nos invita a repensar el rol de las escuelas y de las familias en la formación afectiva de nuestros niños.

Decía Aristóteles, sobre los afectos, que “tener emociones constituye la buena educación”, emociones que solo son “buenas” cuando están sometidas a la razón (señala el filósofo). ¿Cómo hacemos para que nuestros niños crezcan y ordenen de manera correcta sus emociones?, ¿cómo educamos los afectos a la luz del entendimiento y el ejercicio de la razón?, ¿estamos los adultos colaborando en este objetivo?, ¿somos conscientes de que la violencia y el maltrato son conductas que están dañando el tejido relacional al interior de nuestra sociedad? Estas interrogantes nos invitan a reflexionar desde la institucionalidad, las comunidades, las escuelas, pero principalmente, desde el rol de la familia en la formación de nuestros niños.

Creo indispensable que, junto a la necesaria intervención de las autoridades en la generación de políticas públicas que ayuden a prevenir el maltrato escolar o bullying. Es urgente que se incorpore a los padres, apoderados, y docentes en la educación afectiva de los niños, lo que se realiza principalmente a través de la comunicación, la conversación y los espacios de encuentro tanto dentro como fuera de la escuela, asumiendo que los contornos del proceso educativo no terminan en la sala de clases, sino que se alimentan y enriquecen en contacto con el entorno. Lo anterior no es menor, ya que la evidencia indica que, frente a situaciones de bullying, tanto padres como niños buscan o prefieren el aislamiento, muchas veces, como resultado del cansancio propio de la situación.

Para combatir el maltrato y enseñar el respeto, necesitamos justamente lo contrario: arrojarnos al poder infinito del encuentro, del entendimiento, del diálogo, de la conversación, de la amistad. Veo en la educación afectiva el vehículo para que Chile alcance el desarrollo espiritual que tanto desea. Como nos señala Antonio Damasio en su célebre obra El Error de Descartes, las emociones no están separadas de la razón: “Quizás la cosa mas indispensable que podemos hacer como seres humanos, cada día de nuestras vidas, es recordarnos a nosotros mismos y a los demás que somos complejos, frágiles, finitos, y únicos”.

Fernando Peña Rivera
Seremi de Educación del Bío Bío

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