Carta al director

Fr. Antonio de San Miguel Avendaño y Paz

Por: Diario Concepción | 13 de Mayo 2018
Fotografía: Diario Concepción

Este religioso de S. Francisco nació en Salamanca, España, entre los años 1520 o 1522. “Provenía de cristianos viejos, sin raza de judíos o moros”, dicen las crónicas. Sus padres eran nobles y ricos: Antonio de Avendaño y Juana Paz.  Ingresó a la Orden de S. Francisco en 1540, realizando sus estudios eclesiásticos en la Universidad de Salamanca. Fue ordenado sacerdote en 1550, y  enviado a América a predicar el Evangelio en la provincia del Perú.

Era un religioso de mucho prestigio y virtud. Desempeñó aquí muchos cargos importantes en su Orden, hasta llegar a ser elegido provincial del Perú.  Cuando desempeñaba este cargo, fue preconizado obispo de la Imperial en Chile.  Recibió las Bulas el 30 de noviembre de 1567, expedidas por el Papa S. Pío V.  Fue consagrado en la catedral del Lima por el arzobispo Fr. Jerónimo de Loaíza O.P. y tomó posesión de su diócesis en abril de 1569.

Apenas consagrado obispo, el arzobispo de Lima convocó a todos los obispos al Concilio Limense, de suerte que el señor S. Miguel tuvo que dar poder al sacerdote Agustín de Cisneros, para que en su nombre se hiciera cargo de la administración de la nueva diócesis.

El nuevo obispo de la Imperial era alto de estatura, macizo y modesto en sus maneras: orador elocuente y muy querido de su pueblo. Fue el primer obispo consagrado que llegó al país, y fue recibido en forma grandiosa por sus feligreses.

Apostolado del obispo: durante los 25 años del desempeño de su difícil tarea, se distinguió especialmente por la gran defensa que realizó de los indios,  a quienes declaró “sus hermanos más queridos en Jesucristo y que como tales había que tratarlos”. Organizó muy bien la diócesis, que estaba desprovista de lo más indispensable. Junto con el fraile dominico Fr. Gil González, fueron los más decididos defensores de los indígenas.

En el siglo XVI, muchas veces clamó al rey de España “por los abusos de los encomenderos pidiendo justicia para los pobres indios”. Al obispo le apenaba mucho esto y la cruel guerra desatada contra ellos, hecha “a sangre y fuego” por los conquistadores españoles. Esto lo vemos en las cartas que dirigía al rey.

Visitó personalmente su diócesis hasta llegar a Chiloé, predicando y llevando el consuelo a los más desamparados. Pidió a los encomenderos que enseñaran a los indios la doctrina cristiana y que ayudaran a la construcción de capillas e iglesias para el culto divino.  Al rey solicitó medios para la fundación de un seminario, y también de una Universidad. Lo primero lo logró, pero lo otro, no.  En su casa logró formar un curso de estudios eclesiásticos, donde consiguió ordenar varios sacerdotes. El año 1582 tuvo que asistir nuevamente a otro Concilio de Lima, convocado por el arzobispo de dicha ciudad, Toribio de Mogrovejo. Asistió acompañado por su hermano obispo de Santiago Fr. Diego de Medellín, franciscano como él.

La nueva diócesis de la Imperial tenía establecidas 27 doctrinas de indios y ocho parroquias. En su período, dejó a 20 sacerdotes para la diócesis, de los cuales eran sólo 9 seculares y 11 religiosos de varias órdenes.  Tuvo como Vicario general y Provisor de la diócesis a su amigo Agustín de Cisneros, que después lo sucedió como obispo de la imperial. Estaban establecidos en la diócesis los religiosos dominicos, franciscanos y mercedario, que atendían el ministerio en algunas doctrinas de indios, además de su propio ministerio religioso.  El obispo S. Miguel fundó en Osorno el primer monasterio de religiosas.

Sínodo diocesano: el obispo se propuso realizar en su diócesis, un Sínodo, que fue el primero de la diócesis, después de haber asistido al Concilio de Lima. La Fetch de este sínodo fue alrededor del año 1584. Trasladado a la diócesis de Quito: en vista de los grandes méritos de este obispo Fr. Antonio S. Miguel, considerando como uno de los más importantes de su tiempo. El rey lo trasladó a las diócesis de Quito en 1587.  Falleció en Riobamba, Ecuador el año 1591.  Quedó de Vicario y Provisor de la diócesis de la Imperial el sacerdote Agustín Cisneros.

Hoy una calle del Barrio Norte hace honor a su nombre.

Alejandro Mihovilovich Gratz
Profesor de Historia y Geografía
Investigador del Archivo Histórico de Concepción

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