Carta al director

El Papa en Chile

Por: Diario Concepción | 13 de Enero 2018

Señor Director:

La visita papal ha producido los más variados efectos en todos los ámbitos de la convivencia social. Uno que sorprende es la controversia que ha suscitado la columna dominical de Carlos Peña y que ha provocado algunas respuestas descaminadas de  personajes ligados al ámbito eclesial y ha traído réplicas y dúplicas del articulista en los días sucesivos.

Esencialmente Peña sostiene que existen dos ámbitos donde se mueve la Iglesia, el primero es el de la fe,  que es inefable y sobre el cual no se pronuncia; el otro es referido al conjunto de normas que propicia y donde pretende influir la cultura y en eso es susceptible de la crítica y del escrutinio público. ¿Incurre en un error el articulista de marras? No, no lo hace.

En realidad la distinción entre fe y razón es una conquista del pensamiento católico desde el siglo XIII; consolidó las universidades, desarrolló la cultura y produjo la revolución copernicana, creadora de la ciencia moderna. Sólo que esa distinción original era para unir y no para separar los mundos como enseñara magistralmente en el siglo XX Jacques Maritain.

La lógica de Peña ha operado con consistencia, incluso cuando da su opinión negativa de la visita papal. La palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu… (Hebr. 4,12). Es una verdad del canon más ortodoxo cristiano que la fe es un don, por consiguiente, quien no la posee no es reo de acción alguna.

A pesar de que Peña profetice magros resultados de la venida del Pontífice, que destile aires anticlericales y deslice un cierto menosprecio por los creyentes, sigue siendo una opinión, por tanto legítima. Y para quienes sentimos “hasta el tuétano” la vida de un niño inocente, pues vemos el rostro de un hijo o una hija, el que alguien con tribuna nacional demande reparación de los niños mancillados nos produce una profunda empatía.

Ahora bien, hace rato que el mundo intelectual –donde fija domicilio el articulista- al igual que el mundo político –y qué decir de cierta jerarquía eclesiástica- vive(n) fracturado(s) de la realidad; divorciados de ese mundo que vive la mayoría de los chilenos; allí las disquisiciones intelectivas -verdaderas en sí- no tienen mucho que ver con el sentir de las personas de a pie. En este mundo, a diario se entrecruzan  la fe y la razón; el mito y el logos;  frivolidades y honduras  y se mezclan sentimientos y desvaríos, dolor y placer, dudas y certezas; en fin como es la vida misma.

Por eso, tanto en los barrios de Providencia o de Maipú; Iquique o Temuco; Coronel o Concepción; Valparaíso o Villa Alemana, la visita del Papa Francisco será una ocasión especial e inolvidable para los cristianos y una buena nueva para muchos “tirios y troyanos”. Producirá alegría y bienestar espiritual en las comunidades más diversas. Que ese reino de esperanza originaria  que trae el líder apostólico alcance a los más débiles y desposeídos.

 

Salvador Lanas Hidalgo

Director académico Escuela de Liderazgo USS

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