Opinión

La falta de vergüenza

Por: Diario Concepción | 01 de Octubre 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Roger Sepúlveda Carrasco

 Basta leer la prensa para percatarnos que algo no anda bien en Chile, delincuencia, corrupción, violencia, incompetencia, faltas de respeto, descalificaciones y así cada día somos testigos de una enorme lista de conductas que no tan sólo tienen alcances judiciales sino que también éticos y morales.

Este año la evasión del Transantiago alcanzó un 35% convirtiéndose en el sistema de transporte con mayor evasión del mundo, con una pérdida para nuestro país de USD $150 millones anuales. Más allá de las cifras esto es algo que nos debiera preocupar profundamente pues refleja que además de existir personas que con todo desparpajo no cumplen con el compromiso de pagar su pasaje, tampoco existe ninguna forma de control social por parte del resto de los pasajeros, en cualquier país desarrollado son los propios transeúntes quienes le llaman la atención al que se salta la fila o al que estaciona su vehículo inadecuadamente en un espacio reservado para personas con discapacidad. En Chile se hace la vista gorda como si eso no nos afectara o se buscan justificaciones enmascaradas de justicia social, como si las injusticias otorgaran una licencia para actuar de forma reñida con las buenas costumbres.

En una entrevista reciente, el Dr. Humberto Maturana señalaba muy acertadamente que a los Chilenos nos falta vergüenza,  que hemos perdido la noción de dignidad y que hacemos estas cosas “porque tenemos una teoría (o ideología) con la cual las justificamos: La lucha política, intereses superiores o el dinero que tengo que ganar” agregando también que efectivamente nuestro País atraviesa por una crisis moral, pero más importante que eso estamos enfrentando una profunda crisis de ética.

Me parece que nuestro Premio Nacional de Ciencias del año 1994, acierta en su diagnóstico en el sentido de que como sociedad hemos perdido la vergüenza y que esta situación reviste un peligro que trasunta a todos los niveles sociales, pasando por políticos, empresarios, ejecutivos, instituciones de orden, ciudadanos de “a pie” y por supuesto a todos quienes cometen actos ilícitos a diario relevando el concepto de propiedad privada a algo surrealista, generando un constructo que da sustento a esta maquinaria avalando cualquier tipo de conducta, no hay vergüenza al mentir ni tampoco sentimiento de culpa al reconocer que con estos actos se está afectando a un semejante.

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