Opinión

Pinceladas del espíritu

Por: Diario Concepción | 07 de Septiembre 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Salvador Lanas Hidalgo

He querido salirme un tanto de la contingencia y compartir el aire fresco que proporciona a veces el soplo del espíritu humano. Más de alguna vez he sostenido que, en el Chile de hoy, los medios de comunicación representan el poder espiritual y para algunos,  una fortaleza moral del país

Deseo referirme a esta realidad no de modo genérico sino de manera concreta. Para que ello sea posible cuento con la generosidad  del lector del Bío Bío, pues hablaré de un personaje de otro lugar.  Por cierto,  una realidad similar sucede en el periodismo regional y es un imperativo de justicia que se explicite. Pero, otros son más competentes para ese específico desafío. El objetivo va más allá de ensalzar a un ser humano, sino mostrar que desde un medio de comunicación es posible ayudar a construir un lugar y hacerlo de acuerdo a la dignidad de la naturaleza humana.

Roberto Silva Bijit, historiador, escritor y periodista, es director del diario El Observador de Quillota, provincia de la Quinta Región. Hombre de pensamiento y creación; durante nueve lustros ha desplegado su pluma con pasión y eficacia para informar verazmente a los ciudadanos de Quillota. Le ha tocado transitar por los más diversos gobiernos y administraciones locales a partir del año 72. Ha sido protagonista en muchas instancias que han hecho posible el desarrollo de la ciudad. Sin renunciar jamás a su independencia y atesorando la libertad como valor capital, ha desplegado su labor a otras provincias del interior.

Ese humus, ese aliento moral se nota de manera preeminente en la ciudad natal. Y muestra que es posible armonizar el bien personal con el bien de los otros, el bien de la familia con el de los vecinos y el bien de la ciudad con el del país. Es verdad que la configuración de la ciudad es una arquitectura, una construcción  común y en este caso ha jugado un rol decisivo el  alcalde que lleva más de dos décadas de administración y una comunidad que ha sabido organizarse para su promoción humana.  Sin embargo, para quien ha recorrido durante décadas cada rincón de la ciudad, lo que se percibe es que paulatina y sistemáticamente se ha ido delineando una impronta, un sello de ciudad; una suerte de identidad y no sólo estética o de organización geográfica, sino de carácter, en definitiva de estilo.

Y se aprecia de manera ostensible un desarrollo humano que no es azaroso, sino querido y perseguido. El escritor Ernest Hello dice que para construir grandeza hay que tener algo de ella. Y esto es lo que ha ido perfilándose desde la pluma de un diario. Una ciudad que no sólo es hermosa, sino  amigable y hospitalaria en cada recodo de su territorio. Por eso cuando el 11 de noviembre próximo se celebren los 300 años de la fundación de Quillota,  estarán presentes las pinceladas del espíritu con que Silva Bijit ha embellecido no sólo la ciudad sino la vida de sus ciudadanos.

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