Opinión

El error noble

Por: Diario Concepción | 29 de Agosto 2017
Fotografía: Diario Concepción

Andrés Cruz Carrasco
Abogado y magíster en Filosofía Moral UdeC

No pretendo hacer una apología del derecho al error, ya que indudablemente cuando este proviene de la mala fe o la negligencia, hay que hacerse responsables. Sin embargo, no cabe duda que sin equivocarse no habríamos podido lograr ningún avance como seres humanos. Los éxitos no son espontáneos. Salvo por el azar, se ha requerido de una suma de errores para que los que se equivocan, u otros, se valgan de estas experiencias para tomar el listón y seguir avanzando hacia el acierto.

Obviamente que la idea es evitar la equivocación, pero el error es intrínseco a todo lo que es humano y provenga de éste. La perfección, por mucho que algunos aparenten o digan tenerla, no existe. Más de alguno actúa o se siente inmune al error, y éstos son los más peligrosos, por cuanto es difícil que asuman los suyos y buscan siempre en los otros a los responsables de todo mal o desvío.

Peor, se resisten a asumir la equivocación e insisten en la repetición de actos y rutinas que no dan resultado. No me refiero a dejar de lado la noble y esencial perseverancia, las indispensables convicciones y la lucha constante por alcanzar nuestros objetivos, pero tampoco se debe ser contumaz u obstinado ante lo evidente y seguir dando círculos.

No se trata tampoco de renunciar, pero si de adoptar los ajustes y cambios que nos permitan seguir perfeccionándonos para superar el error, haciendo del error un insumo esencial para aprender. Edison sostuvo: “No erré. Aprendí mil maneras de cómo hacer una ampolleta”. Lamentablemente, se nos forma para aborrecer el error, cuando es a partir de éste que se aprende.

Se levantan héroes falsos o estereotipos de lo que se entiende por exitoso y tratamos de emularlos o los ponemos a formar a otras personas, porque se supone que por esos éxitos que exhiben, no han cometido errores. Al que se equivoca se le estigmatiza, abriéndose las puertas de par en par para que impere el pesimismo y se excluya al que yerra.

El error es un eslabón de los hay que recorrer, una y otra vez de ser necesario, para acertar. Sin el error, nos paralizamos, se desvanece la victoria y no hay más sabiduría, ya que vedamos la necesaria experiencia. Comenzamos a uniformamos, a ver las diferencias con desconfianza, a exigir a todos los mismos moldes.

Nos encasillamos en los mismos patrones y evitamos lo distinto, ya que de esforzarnos por ser nosotros mismos podríamos ¡equivocarnos!, cuando de eso se trata la vida, de buscar una y otra vez, para poder encontrar, y eso indefectiblemente nos va a conducir a cometer errores, los necesarios para poder asumir que nos caeremos una y otra vez, pero que sabremos levantarnos siempre que esto ocurra.

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