Opinión

Extremos opuestos al fin del mundo

Por: Diario Concepción | 30 de Junio 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por Renato Segura
Director regional de Prochile

Chile es el país más largo del mundo, con 4.329 kilómetros de longitud, pero, simultáneamente, es uno de los más angostos, con una anchura promedio de tan sólo 180 kilómetros. En el norte prevalecen los climas desérticos y estepáricos; en la zona central y sur predomina el clima templado y en la zona austral, a diferencia del resto del territorio, se halla un clima lluvioso y extremamente frío.

Tiene una superficie total de 756 mil km2, habitada por una población de 18 millones de personas con una densidad poblacional aproximada de 24 hab/km2; sin embargo, la Región Metropolitana de Santiago, con una superficie de 15 mil km2, alberga a 7 millones de personas, alcanzando una densidad poblacional aproximada de 470 hab/km2.

En comparación con otros países sudamericanos, Chile tiene una población relativamente homogénea y con un idioma en común; sin embargo, en sus 200 años de historia independiente, registra 3 guerras civiles y numerosos conflictos sociales – la mayoría en el siglo XX – que costaron la vida a miles de personas.

Un país donde las regiones reclaman el asfixiante centralismo en las decisiones administrativas y económicas del Gobierno Central; aun cuando, en forma simultánea las mismas regiones aplican un centralismo brutal hacia sus provincias y comunas.

Con la llegada de la globalización, hacia fines del siglo XX, Chile ha suscrito 17 tratados y acuerdos de libre comercio con países de Asia, Europa, América del Norte, América del Sur y México; mientras tanto, 24 mil empresas han exportado entre 2002 y 2014; esto es menos del 1% del total de las empresas del país. Por estrato de tamaño, las cifras son 0,1% (micro); 2,0% (pymes) y 23% (grandes).

Chile es el primer país latinoamericano en ingresar como miembro a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), organismo que reúne a las economías más ricas del planeta; pero, simultáneamente, es el país con mayor desigualdad de ingreso entre dichas economías.

En la actual coyuntura económica del país, caracterizada por un bajo nivel de crecimiento y precarización del mercado laboral, la riqueza total aumentó durante el año 2016 en 7,7%. El 14% del total de dicha riqueza es de propiedad de 115 hogares (de un total de más de 5 millones de hogares a nivel país).

Un país donde la actividad económica de las regiones contribuye en forma generosa a la acumulación de riqueza total, pero con comunidades viviendo en zonas de rezago productivo. Los contrastes geográficos y de clima, que son el sello de la identidad nacional, han permeado también a los aspectos sociales y económicos.

Si bien los primeros son parte de nuestra riqueza y atractivo natural, que otorgan la impronta de la chilenidad, los contrastes en materia social y económica son elementos que limitan la capacidad del país para cruzar el umbral de desarrollo y condenan al país a vivir ciclos recurrentes de prosperidad y decadencia. Salir de los extremos opuestos, en materia social y económica, es una tarea que requiere, durante un largo tiempo, de coherencia y dedicación del quehacer tanto público como privado.

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