Carta al director

Retratos de Aurora: Los pasajes, mundos paralelos

Por: Diario Concepción | 30 de Septiembre 2017

“¡Déjeme que le cuente! Usted empieza a hablar y no para.” Así empezó otra conversación imperdible con Aurora, sentados en la sede de la Junta Vecinal y mirando quién sabe a qué lugar.

Durante este tiempo he descubierto que los pasajes que conectan las calles principales en la Aurora de Chile son una especie de universos paralelos. Hay una realidad que pasa de calle Esmeralda para afuera, o de la línea del tren para Prat, pero hay otra dinámica muy particular que se vivencia en las interconexiones del pasaje Huracán, el pasaje Metro, etc. Con la finalización de Septiembre se viene el buen tiempo. El sol empieza a calentar un poquito más, los días son más largos, y eso ayuda a que las conversas sean más amenas y distendidas.

“¡Llevo así de escrito! Pero me faltan un par de historias más por escribir. ¿Le cuento?

La mayoría de los chiquillos de la población trabajaban en La Vega, entonces en la mañana se escuchaban puros chiflidos. Por entre medio de los pasajes empezaban a asomarse. Antes había muchos más pasajes. Algunos se perdieron, se construyeron casas ahí. Otros ahora ya no dan a ninguna parte como el Pasaje El Metro que comunicaba para el otro lado antes que estuviera la pasarela sobre Esmeralda. Le decía denante que a ¡Puro chiflido!, así se comunicaban para irse todos en los carretones. Salían todos juntos, ahora el que se quedaba dormido o no escuchaba…cooperaba…a patita”.

Estimado Lector, de verdad que lo invito a que pase por la Aurora. Es un ejercicio de memoria muy interesante, ya que no solamente uno aprende mucho, pero mucho de la historia de Concepción, sino que se genera una energía muy especial. Aurora cuenta historias que son realmente sorprendentes. Y esto de escribirlas en el diario, comenzó a generar otro ejercicio que es el de atreverse a escribir desde cada uno. Entonces ahora no sólo Manuel escribe sus memorias, sino que Priscila también, y Aurora, y quién sabe cuántos otros. Y la memoria hablada, compartida, escrita es mucho más difícil que se pueda ocultar o borrar.

“¡Le cuento otra! Cuando pasaba el tren por acá, bajaba mucho la velocidad, entonces los cabros se subían y tiraban el carbón que después se llevaban a sus casas en sacos. Pero para pasar adentro de la población y arrancar de los del ferrocarril, saltaban por un pasillo que había. La pandereta estaba hecha de durmientes de tren, esos de madera, y justo había uno que quedaba a la mitad, entonces los cabros se metían por ahí. ¿Y sabe qué? La vieja que vivía allí le cobraba peaje a los chiquillos. ¡Un saco de carbón por pasar! Sino los denunciaba con los del ferrocarril. Ni le cuento como le decían los chiquillos a esta señora.”

Vuelve a mirarme con sus ojos picarones y se tapa la boca para que no se le escape ningún garabato inapropiado, pero el gesto y su recuerdo lo dice todo.

El esfuerzo es un factor repetitivo en nuestras conversaciones, nada de lo que la Aurora consiguió en estos casi 100 años de historia le fue regalado. Y esto de los inviernos en la pobla son y eran cosa sería, el carbón para los braceros, el hacer desde lo comunitario.

Dentro de un par de semanas se festeja en todo Chile el Día del Patrimonio para los niños, exactamente el domingo 22 de octubre. Aurora quiere festejarlo con ellos. Así que si le parece y tiene niños chicos dando vuelta cerca suyo, tráigalos y van a disfrutar de un rato inolvidable. El Patrimonio no solamente se cuenta, también hay que vivirlo, y cuestionarlo, e involucrarse. El Patrimonio no es responsabilidad del Estado o del gobierno de turno, el Patrimonio es deber de cada uno de nosotros.  ¿Y por qué ser tan catete con el tema?

Porque una historia sin Patrimonio es una idea vacía, una ciudad sin Patrimonio es como un árbol sin raíces. Caminar la ciudad y re-conocer los lugares que caminamos todos los días es construir el Patrimonio, y Concepción tiene un valor patrimonial importantísimo que va más allá de lo material, de lo arquitectónico. Hágame caso Querido Lector, pase por la Aurora y recorra sus calles. Y si algo le llama la atención, pare y pregunte. Siempre habrá alguien dispuesto a conversar un rato y contarle algo nuevo. ¡Hasta el próximo click!

 

Walter Blas

Historias prestadas: Priscila Hernández

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