Tales acciones (de violencia) son inaceptables en una democracia. No pueden existir matices, ambigüedades, relativizaciones o complicidad pasiva.
Se aprecia, además, otro frente, reiteradamente mencionado como el dramático talón de Aquiles de la economía nacional. No se trata de la disminución de la pobreza, sino de acortar la creciente brecha en la distribución de la riqueza.