Piñera ha señalado que todos sus actos se ajustan a la ley, no importando (por lo menos para él) si son éticos o no.
Constituye un deber de las vanguardias intelectuales el desperezarse para remecer las conciencias.
La trama de su homicido, no es sólo un acto de terrorismo sino la expresión más brutal del poder autárquico de la mafia.