De los 30 casos constituidos en la región este año, 12 corresponden a la tercera causal, mientras el debate se intensifica por un proyecto de ley que busca condicionar el acceso a la interrupción del embarazo.
Por Constanza Santander Montorfano
“Fue un momento muy vulnerable y traumático. No quería vivir nada de eso y el personal no tomó en cuenta mi opinión”. Así resume A.M., quien prefirió guardar reserva de su identidad, el complejo momento cuando, sin su consentimiento y hace alrededor de dos años, debió oír latidos fetales previo a acogerse al aborto legal en Chile, establecido bajo las tres causales.
“Ni siquiera estaba mirando el monitor”, aseguró tras manifestar a Diario Concepción que, en dicho momento, se sintió menoscabada en un centro de atención pública de la zona.
Si bien, ella piensa que la ley de las tres causales vigentes en Chile “ha sido un gran avance para el país y nuestra sociedad”, menciona que aún le falta mucho para progresar, ya que se siguen creando propuestas que no “amparan a la totalidad de lo que las mujeres necesitan”.
En la Región del Biobío, la violación es la causal que concentra el mayor número de abortos legales constituidos durante el primer semestre de 2026, según cifras del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud (Minsal). De los 30 casos registrados en la región entre enero y junio, 12 corresponden a la tercera causal (violación sexual), por sobre los 8 de riesgo vital de la madre y los 10 de inviabilidad fetal.
La distribución regional no replica la tendencia observada a nivel país, donde la causal por violación es la tercera, con 135 de los 414 casos acontecidos en Chile durante el mismo período de este año. Menor que las 141 invocaciones por inviabilidad fetal y las 138 por la causal de riesgo vital de la madre, según el mismo reporte del DEIS.
La serie histórica del Biobío muestra que 2024 concentró el mayor número de casos constituidos desde 2018, con 101, mientras que la cifra de 2026 corresponde solo al primer semestre y podría variar al cierre del año, de acuerdo con el reporte del DEIS.
En ese contexto, más de 50 organizaciones sociales convocaron el pasado viernes 31 de julio a un “pañuelazo” en rechazo al proyecto de ley “Escucha su Corazón”. La iniciativa que busca condicionar el acceso al aborto legal a que la mujer escuche previamente los latidos del feto y que fue presentada por el diputado libertario, Cristóbal Urruiticoechea, perteneciente al Distrito 21 -Provincia de Biobío-.
La jornada, bautizada bajo la consigna “Escucha mi decisión”, se replicó en ciudades como Santiago, Valparaíso, Chillán, Temuco y Puerto Montt, y marcó la primera alianza entre la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y la Coordinadora Feminista 8M (CF8M), informó Radio Nuevo Mundo.
Valentina Zambrano, vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Feucsc), se refirió a las cifras y afirmó que “quienes acceden a esta causal ya han atravesado una experiencia traumática y de extrema vulnerabilidad, por lo que imponer nuevas exigencias o condiciones puede transformarse en una forma de revictimización”.
La dirigente agregó que “el sistema de salud debe ofrecer protección, contención y garantías, no mecanismos que profundicen el sufrimiento de quienes ya enfrentan una situación tan dolorosa”. Sobre la participación del movimiento estudiantil en la discusión, sostuvo que “muchas estudiantes podrían verse tanto directamente como indirectamente afectadas por este tipo de iniciativas, por lo que sería irresponsable mantenernos al margen”.
La matrona Fernanda Moena Vergara, quien trabaja de forma particular en un centro de pesquisa y diagnóstico en Concepción, explicó que, en las primeras semanas de gestación, etapa en la que consulta la mayoría de las pacientes por causal de violación, lo que se detecta mediante ecografía es actividad cardíaca embrionaria, y no un sonido acústico directo. “No corresponde al sonido directo del corazón, sino a una representación creada por el ecógrafo para facilitar su interpretación clínica”, señaló.
Según indicó, la frecuencia cardíaca fetal solo puede reconocerse con un doppler obstétrico portátil aproximadamente entre las 10 y 12 semanas de gestación. La matrona precisó además que, según su experiencia clínica, la mayoría de las consultas por causal de violación se concentra entre las 6 y 9 semanas de gestación, coincidiendo con embarazos muy precoces.
Moena además compartió su postura frente al proyecto: “El embarazo no surge de una decisión reproductiva libre, sino de una situación de violencia“. La matrona sostuvo que los equipos de salud “no tenemos el derecho de imponer cargas emocionales adicionales ni influir de manera coercitiva en decisiones que corresponden a la esfera personal, ética y reproductiva de las personas”.
Asimismo, remarcó que en la causal de violación existen “niñas, adolescentes y mujeres que han vivido una experiencia traumática de vulneración sexual”, para quienes cualquier exigencia adicional puede transformarse en una nueva forma de daño.
La doctora en psicología social Pamela Vaccari Jiménez, quien dirige proyectos sobre violencia de género en la educación superior en la Universidad de Concepción, se refirió a la iniciativa y expresó que “atenta absolutamente contra los derechos humanos de las mujeres”. La académica recordó que Naciones Unidas reconoce los derechos de las mujeres como derechos humanos en sí mismos y que “si tú atacas a la población de las mujeres, estás atacando a la mitad de la población humana”.
Vaccari explicó que las mujeres que deben someterse a un aborto “se encuentran en un estado de vulnerabilidad extrema” y que, dependiendo del entorno en que ocurra, suelen atravesar “un estado de estrés agudo, de ansiedad y, en muchos casos, síntomas de trastorno de estrés postraumático”.
A ello sumó un argumento de desarrollo: sostuvo que las mujeres son parte fundamental de la fuerza laboral e intelectual que sostiene el producto interno bruto de los países, de modo que las leyes que afectan su bienestar “significan un retroceso” no solo para ellas, sino para el desarrollo del país.
La psicóloga Gisela Aravena Olmos de Aguilera explicó que, en los casos de violación, el embarazo puede adquirir una significación especialmente traumática, “porque puede ser vivido como una prolongación corporal de la agresión, e incluso como una reactivación constante del trauma”.
Sobre el proyecto en discusión, advirtió que ofrecer o insistir en escuchar los latidos “puede intensificar la angustia, la culpa, la ambivalencia o el conflicto interno” en mujeres que ya tomaron una decisión, y que en el caso de víctimas de violación “puede sentirse como una nueva intrusión en su experiencia corporal y emocional”. Respecto del proyecto, sostuvo que “podría generar presión emocional, aumentar la culpa y la angustia, favorecer procesos de revictimización y debilitar la confianza hacia el sistema de salud”.
La iniciativa, que busca modificar el artículo 119 del Código Sanitario, exige al personal médico ofrecer a la mujer escuchar los latidos fetales antes de interrumpir un embarazo bajo alguna de las tres causales vigentes desde 2017, y permite abstenerse del procedimiento si la paciente rechaza esa instancia.

Cedido | Partido Nacional Libertario
Ingresada el 7 de julio, la moción es impulsada por diputados del Partido Nacional Libertario, Republicano y Renovación Nacional, entre ellos Cristóbal Urruticoechea. El respaldo parlamentario ya mostró grietas, luego de que la diputada Ximena Ossandón retirara su firma del proyecto.
Cristóbal Urruticoechea expresó a CNN Chile que el proyecto de ley “viene a reponer que esas causales hoy tengan restricciones y que, en vez de estar sumando muerte, sumemos vida“.
En relación con la iniciativa legislativa, A. M. sostuvo que escuchar los latidos no hace que se cambie de decisión, sino solo logra que el proceso “sea aún más difícil” y estremecedor.
En tanto, la ministra de Salud, May Chomalí, también rechazó el proyecto impulsado por el mundo libertario y aseguró en T13 Radio que “científicamente (la iniciativa) no tiene sentido“.
“Son tres causales muy complejas: inviabilidad fetal, riesgo para la madre y violación. No existe, y hemos buscado evidencia científica, que un acto como ese pueda reducir la probabilidad de que la mujer quiera hacerse un aborto”, agregó.