Política

Autoconvocadas en Concepción

Casandra Rubio, María Fernanda Rojas, Valentina Hermosilla, Camila Castro, Kareén Fredes y Camila Soto son seis entre miles de estudiantes autoconvocadas. En esta entrevista conjunta, las movilizadas comentan los alcances de dicha definición y detallan su lucha por alcanzar que todo el territorio se vuelva feminista.

Por: Javier Cisterna 01 de Julio 2018
Fotografía: Carolina Echagüe M.

—La Confech no me representa y en la “U” tenemos más que claro que la Confech no nos representa. La frase se adjudica a Camila Soto (24), estudiante de Licenciatura en Historia de la Ucsc, y responde a la pregunta de si considera que la estructura política universitaria debe hacer una autocrítica a propósito de la emergencia del movimiento feminista.

La alumna replica así y no es la única. Casandra Rubio (24), de la UBB y la carrera de Trabajo Social, comenta que en el plantel estatal hace tres años no hay federación, y en buena hora. —Antes nos quejábamos, pero hoy lo agradecemos. En la actualidad somos las únicas que hacemos política en la universidad y el nivel de organización que hemos alcanzado es tremendo.

—Hace unos años que empezó a resonar la educación no sexista, pero sigue siendo un eslogan de los machos para decir “oye, nos estamos haciendo cargo”. Nosotras no trabajamos con eslóganes como lo hace la política patriarcal —agrega Camila Castro (33), profesional vinculada a la UdeC.

Todas ellas se reconocen como feministas autoconvocadas y allí marcan un cisma. La disrupción que crearon no es homologable a las anteriores que impulsó el estudiantado, pues comienza en el aula pero escapa de sus paredes.

En efecto, reafirman que se consideran protagonistas de una reciente oleada de demandas de mujeres, ellas junto a las otras miles que han salido a las calles en todo Chile. Las autoconvocadas no solo se separan de las formas históricas de los universitarios, también apuestan por modificarlas terminantemente. Sin protagonismos y aplicando una horizontalidad tan incomprendida como compleja de mantener, las estudiantes confían en escribir una nueva historia.

Así lo cuentan en esta, la primera entrevista conjunta que aceptan conceder las activistas de las tres universidades que sostuvieron —y sostienen— en Concepción cerca de dos meses de tomas, paros y marchas, y que hoy negocian con las autoridades de sus respectivas casas de estudio protocolos contra la violencia de género.

Autoconvocadas y separatistas

Movilizarse es hacer política, dicen, y para ello no se necesitan partidos ni federaciones.

—Ser autoconvocada es más que nada la oportunidad, al fin, de tener un pensamiento independiente. Que no esté el partidismo influenciando. Somos un grupo de compañeras con valores comunes que pudieron organizarse. Discriminamos aquello que no nos servía y no nos permitía trabajar —confiesa Kareén Fredes (26), de Licenciatura en Filosofía de la Ucsc.

—Hubo una necesidad de sacar a la federación y los partidos porque sabemos que tienen una estructura machista y patriarcal. Por temas de seguridad optamos excluir todas esas estructuras —remarca Valentina Hermosilla (23), de Medicina UdeC.

El matiz lo marca Casandra de la UBB, quien subraya que, aunque han existido desconfianzas, parte del aprendizaje ha sido también superarlas. —En las autoconvocadas UBB participan mujeres de partidos y colectivos políticos, pero eso no ha significado en ningún momento que sus ideas personales pasen a llevar las ideas de otras compañeras. Es un espacio para que toda mujer pueda desenvolverse de la manera que ella quiera.

No es, ciertamente, la única diferencia que asoma. El carácter separatista también se pone en discusión. —Ser autoconvocada tiene que ver directamente con la forma de organización que hemos asumido, que es el separatismo. El separatismo es una estrategia de acceso al poder y es una opción política, no es porque entre mujeres nos caigamos bien —esboza María Fernanda Rojas (22), de Educación Diferencial en la UdeC, al explicar la ausencia de hombres en los espacios más íntimos del alzamiento.

La experiencia en la Ucsc ha sido distinta. —Generamos espacios de reflexión separatista por un tema de confianza, pero nosotras no somos separatistas, nosotras integramos los aportes de compañeros también. Nosotras levantamos la voz y con eso también le dimos voz a compañeros. El movimiento tiene, ante todo, un enfoque de Derechos Humanos —estima Kareén Fredes.

Donde sí existe plena coincidencia es en la conclusión de que les tocó irrumpir en un entorno machista normalizado. —Las mujeres que eran dirigentas antes en la UBB, tenían que entrar en este juego de levantar la voz, ponerse más choras, más masculinas para estar a la altura de los dirigentes hombres que llevaban los movimientos —sentencia Casandra Rubio, en un ejemplo que encontró honda recepción entre las estudiantes.

De hecho, Camila Castro de la UdeC, expresa que por sus vivencias en las huelgas de 2006 y 2011, tuvo que amoldarse a los modos antijerárquicos de las autoconvocadas. —He tenido que deconstruirme para conocer cómo funciona la orgánica. Es un tipo de democracia participativa no hegemónica.

Asimismo, las alumnas presentan una mirada común ante los tan preciados referentes. Aunque mencionan autores y rescatan trabajos desde el exterior, arguyen que es momento de levantar un feminismo surgido de Chile y sus mujeres.

“Creo que debemos ser anticolonialistas y no mirar tanto a los feminismos del norte”, “sería un error ver movilizaciones que pueden representar desde la base un sentir, pero no la experiencia” y “hoy es la oportunidad para reescribir lo que es el feminismo desde Chile y la mujer de clase”, puntualizan las autoconvocadas en una sola voz.

Un territorio feminista

Falta mucho por avanzar y se dio un primer paso, acotan las estudiantes. Pero eso no le quita mérito al imaginario de un país feminista, como clama la consigna.

—El feminismo está en la antípoda de extractivismo, el capitalismo, el fascismo y el consumismo. Tengo la convicción de que si todo el territorio se vuelve feminista, vamos a llegar a un estado de bienestar en que todos nos respetemos —augura Camila Castro.

—Imagino, deseo, quiero e invito a un Chile con compañeras y compañeros más humanos —sintetiza Kareén Fredes.

—Hemos hecho que se visibilicen distintos casos repugnantes. Para mí, un territorio feminista, que sé que también va a llenar a nuestras mamás y abuelas, a todas las brujas, va a ser ese territorio en que nos dejen de matar por ser mujeres —cierra María Fernanda Rojas, en una conclusión que no deja espacio a desmentidos.

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