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Casi 400 mil chilenos menores de 45 años tienen diabetes

Por: La Tercera | 04 de Diciembre 2017
Fotografía: La Tercera

El pasado 22 de noviembre, el Ministerio de Salud entregó los primeros resultados de la Tercera Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2016-2017. Las noticias no fueron buenas: el 12,3% de los chilenos tiene diabetes, es decir, aproximadamente 1.807.226 habitantes, 600 mil más que en la ENS 2009-2010, cuando la prevalencia fue de 9,4% y un número cercano a 1.200.000 personas.

Pero lo peor es que proporcionalmente, si bien la enfermedad creció en todos los grupos etarios, donde más aumentó fue en la población más joven. Si en la medición anterior el 0,4% de los chilenos entre 15 y 24 años tenía este mal, este año los diabéticos de este grupo suman 1,8%. Por su parte, el grupo de 25-44 años pasó de 3,8% a 6,3% (ver infografía). Así, en términos totales, alrededor de 393 mil personas menores de 45 años son diabéticas en Chile, es decir, el 4,8% de la población de esa edad.

Carmen Gloria Aylwin, presidenta de la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes (Soched), señala que entre los más jóvenes también hay un aumento de la obesidad y las cifras de sedentarismo no han cambiado, lo que probablemente explica el crecimiento de la diabetes en este segmento. “Proporcionalmente, el aumento en los grupos de menor edad es importante y nos preocupa. Es lamentable, porque la diabetes sigue y sigue aumentando”, dice la especialista.

Rodolfo Lahsen, diabetólogo de Clínica Las Condes, sostiene que hábitos de alimentación y sobre todo de actividad física, especialmente de los jóvenes, están cambiando dramáticamente y para mal. “La diabetes tipo 2 se definía sobre los 40 años. Hoy tenemos pacientes de 30 y menos. No es lo más frecuente, pero ya no es raro ver adolescentes y jóvenes con la enfermedad”, explica.

Para Marcia Erazo, jefa del Programa Nutrición de Poblaciones de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, el alza en los jóvenes es preocupante. “Significa que en el futuro habrá muchos más pacientes de los que ya tenemos. Esto implica un costo familiar, social y económico para el paciente y el país. Hay complicaciones renales, visuales y neurológicas que terminan con la amputación de las extremidades en algunas personas”, dice.

Cristián Herrera, jefe de la División de Planificación Sanitaria (Diplas) del Ministerio de Salud, señala que también les llamó la atención el aumento en la población más joven. “La diabetes está muy asociada con el aumento del exceso de peso, en particular, con la obesidad y la obesidad mórbida. Este es uno de los desafíos más importantes para la salud pública ahora”, sostiene.

Jóvenes en consulta

Carmen Lía Solís, directora médica de la Asociación de Diabéticos de Chile (Adich), comenta que desde hace dos años, más jóvenes están llegando a la consulta médica. “Adich realiza test gratuitos en muchas comunas durante todo el año y detectamos que hay una masa importante de la población que no sabe que tiene diabetes y los test salen alterados, hasta con glicemias de 350 mg/dl, cuando lo normal es tener 100”, indica.

Para diagnosticar la diabetes es necesario un test de sangre que mide la glicemia en ayunas, esto es, el nivel de azúcar en la sangre. Sobre los 126 miligramos de azúcar por cada decilitro de sangre se sospecha de diabetes, para lo cual se realiza un segundo examen. Si este también resulta elevado, entonces se diagnostica clínicamente la enfermedad.

Sin embargo, en vigilancia epidemiológica poblacional, basta ese primer examen para hablar de diabetes y calcular prevalencia e incidencia de la enfermedad.

Paula Margozzini, investigadora del Departamento de Salud Pública de la U. Católica y directora de la Encuesta Nacional de Salud, explica que la definición en esta área es distinta, ya que considera “diabética” a una persona con un examen de glicemia elevada, que use insulina o medicamentos hipoglucemiantes o haya sido diagnosticada con la enfermedad antes. De hecho, en la encuesta anterior se remarcó que “para efectos del informe, se utilizará el término diabético a la persona con sospecha” de la enfermedad.

Se puede prevenir

La obesidad y el sobrepeso son el factor de riesgo más importante para el desarrollo de la diabetes. Por lo mismo, el control del peso puede prevenir y retrasar su aparición. “El ejercicio, mantenerse activo y, por último, no seguir subiendo de peso también tiene un impacto. Lo ideal es que una persona con obesidad o sobrepeso baje ese exceso de kilos. Se ha visto en los estudios de prevención de diabetes que ya con un 7% de reducción hay menos riesgo. Por lo tanto, no es necesario bajar hasta el peso ideal. Incluso, en aquellas personas que están a un paso de la diabetes, bajar de peso puede retardar o evitar su desarrollo”, indica la doctora Aylwin.

Lahsen coincide. Cuando uno de sus pacientes tiene una glicemia por sobre 126 mg/dl, la primera intervención, más allá del diagnóstico, es el cambio de hábitos: dieta y ejercicios para intentar revertir esa cifra y retrasar la aparición de la enfermedad. “Eso se puede hacer cuando se trata de casos limítrofes o bordeline. Evidentemente, cuando los niveles son más altos y hay síntomas como exceso de sed, de orina y una baja de peso sin explicación, es categóricamente diabetes”.

Este año, un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile presentó un estudio en el que demuestran que en Chile el factor que más influye en la aparición de la diabetes mellitus 2 es el sedentarismo, con el 54% de los casos, seguido de la obesidad (25%) y el tabaquismo (3%). Además, se estableció que casi el 80% de los casos se podría prevenir con estrategias rentables centradas en impedir el sedentarismo y la obesidad.

Sandra Mahecha, deportóloga de la U. Mayor y Clínica Meds, resalta que la actividad física es clave. “Si una persona tiene predisposición genética o historial familiar, solo controlando su peso y haciendo ejercicio ya tiene 65% menos probabilidades de tener diabetes mellitus tipo 2, porque lo que desencadena la expresión de esos genes es el estilo de vida”, señala.

“El gran problema de la diabetes es que es una enfermedad que tiene mucho que ver con el estilo de vida. Pero no vemos cambios en el estilo de vida de las personas”, dice Aylwin.

Herrera agrega que la solución pasa por políticas públicas que puedan cambiar los entornos donde viven las personas, como la prohibición de vender “alimentos altos en” en colegios. “Ese tipo de cambios, en los lugares donde se vive, es lo que nos va a llevar a quebrar esta tendencia al alza y ojalá disminuirla”, dice.

La Tercera

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