La historia de este empresario inmobiliario con más de 15 años de experiencia es la de un profesional observador, que se formó en la práctica, el terreno y tomando decisiones reales. Enfrentando errores y administrando y ajustando aciertos, su liderazgo escapa de la receta tradicional.
Mauricio Lizana es un empresario inmobiliario que a lo largo de más de 15 años en el rubro, ha participado en distintas etapas del negocio: comercialización, estructuración de proyectos, administración de activos y desarrollo inmobiliario.
Cada una de esas experiencias fue moldeando su criterio y afinando su mirada estratégica. Desde sus inicios, Lizana entendió que emprender no se trata solo de ejecutar ideas. Se trata de leer contextos, anticipar comportamientos y adaptar modelos antes de que el mercado obligue a hacerlo.
Esa capacidad de ajuste permanente se transformó en uno de sus principales activos. “Hoy ya no basta con vender”, dice. “Hay que ser transparente, explicar todo, acompañar. La gente quiere claridad, no promesas”, enfatiza.
Lejos del discurso empresarial tradicional, su aprendizaje no se dio en base a una formación rígida ni a manuales cerrados. Lizana se refugió en la lectura (es un admirador de Robert Kiyosaki) y en la observación constante del mercado.
“Mi motivación es el contacto directo con los clientes y la necesidad de resolver problemas reales”, confiesa. Esa formación es la que hoy define su manera de entender el negocio inmobiliario y de analizar críticamente la industria.
En lugar de replicar modelos, fue construyendo su propio método a partir de la práctica. Tomar decisiones, dar espacio a equivocarse y corregir rápido se transformaría en una dinámica constante.
Ese proceso permite entender algo clave: el mercado no es homogéneo y los clientes tampoco lo son.
El mercado inmobiliario chileno arrastra una crisis prolongada desde la pandemia hasta hoy. Si bien algunos indicadores han mostrado leves repuntes en ciertos períodos, lo cierto es que el sector, en términos generales, no logra recuperar su dinamismo previo.
Restricciones crediticias, cambios en las preferencias habitacionales y un entorno regulatorio más complejo han redefinido las reglas del juego.
En ese contexto, muchas inmobiliarias quedaron atrapadas en modelos pensados para otro ciclo económico. Sin embargo, la experiencia acumulada de Mauricio Lizana le permitió adaptarse con mayor rapidez.
Su trabajo en Toscana Grupo Inmobiliario ha sido clave. Entender el mercado en distintas fases facilitó la toma de decisiones más realistas y menos reactivas.
Conocer distintos perfiles de compradores (desde quienes buscan su primera inversión hasta inversionistas más sofisticados) le dio una ventaja relevante en momentos de cambio.
Desde su mirada, la clave no estuvo en resistir esperando que el mercado repuntara, sino en entender que el comprador cambió. Nuevas prioridades, mayor valoración del espacio, búsqueda de seguridad en la inversión y exigencia de información clara son hoy determinantes.
Es en ese escenario donde proyectos con planificación, coherencia territorial y una propuesta clara logran conectar mejor con las necesidades actuales.
La consolidación de un modelo como el de Mauricio Lizana al mando de Inmobiliaria Toscana es más que una excepción a la regla, es el resultado de un lector temprano de estas transformaciones.