Opinión

La Monja Alférez en Concepción

Por: Diario Concepción 08 de Noviembre 2026

Catalina de Erauso, conocida históricamente como la Monja Alférez. Su paso por Concepción constituye uno de los episodios más curiosos de la historia colonial chilena, tanto por las circunstancias de su vida como por los acontecimientos que protagonizó en esta ciudad y en los territorios de la frontera sur.

Catalina de Erauso nació en San Sebastián, España, probablemente en 1592. Desde pequeña fue destinada a la vida religiosa e ingresó en un convento, donde recibió educación bajo la disciplina de las religiosas. Sin embargo, su carácter inquieto y su deseo de llevar una vida distinta la llevaron a abandonar el convento durante su adolescencia.

A partir de entonces comenzó una existencia marcada por los viajes, las aventuras y las constantes transformaciones de identidad. Adoptó vestimentas masculinas, utilizó diferentes nombres y consiguió desenvolverse en ambientes donde la presencia femenina estaba severamente restringida, especialmente en el mundo militar.

Su llegada a América la condujo finalmente al Reino de Chile, territorio que durante el siglo XVII constituía uno de los principales escenarios de enfrentamiento entre la monarquía española y los pueblos mapuches. En ese contexto, Catalina se incorporó a las fuerzas militares españolas y participó en distintas campañas de la Guerra de Arauco. Su trayectoria la llevó a relacionarse con los principales centros militares del sur, entre ellos Concepción, ciudad que desempeñaba un papel fundamental en la organización de las operaciones militares y en la administración de la frontera.

Uno de los episodios más sorprendentes de su permanencia en Concepción fue el encuentro con su propio hermano, Miguel de Erauso, quien se desempeñaba como capitán y secretario del gobernador. Catalina llevaba muchos años separada de su familia y había adoptado una identidad masculina, por lo que decidió no revelar quién era realmente. Su hermano tampoco logró reconocerla. Este encuentro, relatado en su autobiografía, representa uno de los pasajes más interesantes de su historia y vincula directamente su vida personal con la sociedad penquista de aquella época.

Posteriormente, Catalina participó en las campañas militares desarrolladas en la frontera de Arauco. Su autobiografía relata episodios de combate en los territorios del sur, entre ellos su participación en acciones militares en los alrededores de Paicaví y Valdivia. En uno de esos enfrentamientos habría recuperado una bandera española que había caído en manos de los adversarios, acción que le habría permitido alcanzar el grado de alférez.

De allí proviene precisamente el sobrenombre de Monja Alférez, que con el tiempo se transformaría en la denominación con que sería conocida universalmente. Su vida militar estuvo marcada por el peligro, las heridas, los duelos y las disputas personales. La frontera de Arauco era un territorio donde la violencia formaba parte de la experiencia cotidiana de los soldados y donde las rivalidades individuales podían terminar en tragedias.

Catalina no estuvo ajena a estas circunstancias. Su carácter impulsivo y su participación en numerosos enfrentamientos la llevaron a protagonizar situaciones que terminaron comprometiendo su permanencia en Concepción.

Entre los episodios más dramáticos de su vida se encuentra el enfrentamiento en que hirió mortalmente a un hombre que resultó ser su propio hermano, Miguel de Erauso. Este acontecimiento, narrado en su autobiografía, constituye uno de los momentos más dolorosos de su trayectoria. La tragedia tuvo lugar después de una disputa y un enfrentamiento armado, sin que Catalina reconociera inicialmente la identidad de su adversario. A consecuencia de estos acontecimientos debió refugiarse en un convento de San Francisco, donde permaneció durante varios meses, mientras procuraba evitar las consecuencias judiciales de sus acciones.

Después de abandonar Concepción, Catalina continuó sus viajes por distintos territorios americanos. Su vida estuvo marcada por nuevas aventuras y por el interés que despertaba su extraordinaria historia. Con el paso del tiempo, su figura alcanzó notoriedad en España y América, hasta convertirse en un personaje de gran interés histórico y literario.

Su autobiografía, conocida como Historia de la Monja Alférez, doña Catalina de Erauso, constituye un documento de especial valor para conocer aspectos de la vida militar y social de los territorios americanos durante el período colonial.

Para la historia de Concepción, la presencia de la Monja Alférez representa un antecedente singular. No se trata solamente de recordar la aventura personal de una mujer excepcional, sino también de rescatar un episodio que contribuye a enriquecer la memoria histórica de la ciudad.

En conclusión, Catalina de Erauso, la Monja Alférez, ocupa un lugar particular en la historia colonial de Chile y, especialmente, en la memoria de Concepción. Su vida reúne aventura, guerra, conflictos familiares y una singular transgresión de las convenciones sociales de su época.

Alejandro Mihovilovich Gratz

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