En las universidades del Biobío se han gestado valiosos esfuerzos asociativos y programas avanzados de formación en inteligencia artificial orientados a resolver problemáticas industriales y sociales.
Cuando trasladamos la discusión global sobre la inteligencia artificial a nuestra Región del Biobío, el debate adquiere matices urgentes y muy terrenales. Históricamente, nuestra zona ha sido un motor industrial, forestal, pesquero y universitario clave para el país. Hoy, frente al empuje de la automatización algorítmica, se nos presenta un dilema crucial: ¿utilizaremos estas nuevas herramientas para potenciar el desarrollo local con identidad, o nos conformamos con ser meros espectadores y consumidores pasivos de tecnologías decididas en los grandes centros de poder transnacional?
En las universidades del Biobío se han gestado valiosos esfuerzos asociativos y programas avanzados de formación en inteligencia artificial orientados a resolver problemáticas industriales y sociales. Sin embargo, la tentación tecnológica suele disfrazarse de modernidad incuestionable. Se habla de optimizar procesos madereros, portuarios o de manufactura mediante algoritmos predictivos, olvidando a menudo que detrás de cada faena hay comunidades, tradiciones laborales y equilibrios ecológicos que ningún parámetro estadístico logra descifrar por completo. La máquina procesa datos de producción, pero ignora el tejido humano y el costo social de la reconversión.
El verdadero peligro en nuestra región no es la falta de ingenio, sino la subordinación acrítica. Si confiamos ciegamente en que una serie de modelos matemáticos externos resuelvan la planificación urbana, la crisis hídrica o la diversificación económica de provincias golpeadas por la desindustrialización, esterilizaremos nuestra propia capacidad de pensar el territorio. La inteligencia artificial en el Biobío debe estar subordinada a las necesidades de su gente, y no al revés. Las herramientas digitales son útiles solo si sirven para ensanchar la justicia social, proteger nuestro entorno y revalorizar el trabajo humano, recordando siempre que la dignidad de nuestra región no cabe en un código binario.
Ernesto Montalba Rencoret
Periodista
Ex Director de Medios de Comunicación- Ex Alumno UdeC