El espacio público, no obstante, no son solo calles y plazas, sino que está vivo en las relaciones entre las personas, y entre éstas y la institucionalidad.
Florencia Alvez Marín
Abogada Integrante Colectiva Justicia en DD.HH.
En la histórica Plaza Perú se llevan a cabo, desde hace años, trabajos de remodelación. Ahí, entre escombros y rejas resisten árboles antiguos -bellos ciruelos de flor- que durante décadas han anunciado la proximidad de la primavera.
Las obras, en un inicio, parecían haberse comprometido a resguardarlos. Sin embargo, ya acercándonos al diseño final, quedó en evidencia una pésima decisión: los árboles quedaban en una especie de maceteros gigantes, con tierra cubriendo la base de sus troncos, generando una humedad permanente que les provocaría enfermedad, hongos e incluso la muerte.
Ante la inacción de la autoridad, dos mujeres integrantes de organizaciones ciudadanas publicaron un video revelando el daño a los árboles. Ellas ya habían hecho las denuncias formales ante la Municipalidad, y al no observar resultados, decidieron alzar la voz y ellas mismas meter las manos a la tierra y con sus propias herramientas despejar los troncos. Encontraron y sacaron tierra, escombros, trozos de cemento e incluso ropa, dejando en evidencia no solo el descuido, sino además el total desprecio a los árboles.
La acción de estas mujeres resonó de inmediato: los vecinos se sumaron a la labor, el video se hizo viral, y días después funcionarios municipales aparecieron para limpiar y despejar los troncos.
¿Por qué nos detenemos a relatar esta historia? Porque en un momento en que se nos proponen reformas que nos empujan a cuestionarnos qué entendemos por democracia, derechos fundamentales y límites al poder, el ejemplo de estas mujeres tomándose el espacio público para hacer y proponer nos hace reflexionar en el rol de las personas comunes y corrientes en la vida en sociedad.
La querida Plaza Perú es un punto central en la vida pública de Concepción, y la acción decidida de un grupo de personas logró proteger sus árboles, cambiando un destino que parecía inevitable. El espacio público, no obstante, no son solo calles y plazas, sino que está vivo en las relaciones entre las personas, y entre éstas y la institucionalidad. Las discusiones normativas que se nos proponen constituyen también nuestro espacio público, no en un plano material, sino en el de los acuerdos que nos rigen, regulan y afectan la vida de todas las personas. Es ahí donde se construye el mundo común, un lugar de encuentro indispensable para lograr consensos, dialogar sobre nuestras diferencias y decidir el camino que, nos guste o no, recorreremos como comunidad política.