Opinión

El futuro de Cuba

Por: Diario Concepción 13 de Junio 2026
Fotografía: Cedida

Susanne Gratius
Académica Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
CEE UdeC

El 31 de mayo, el Presidente chileno, José Antonio Kast, dijo que apoyaría una intervención militar de Estados Unidos en Cuba, “porque su pueblo está sufriendo por una dictadura de décadas”. Aunque la última afirmación es cierta y el actual régimen llevó el país al colapso, los fines (en el mejor de los casos acabar con el régimen) no necesariamente justifican los medios (una operación militar extranjera). El 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos sacó al presidente Nicolás Maduro del país y lo sustituyó por la más dócil vicepresidenta Delcy Rodríguez marcó un antes y después en América Latina.

En primer lugar, de cara al futuro de Cuba, cabe recordar que intervenir militarmente en Venezuela no devolvió la democracia al país. Sigue en pie el mismo régimen autoritario que sólo cambió de líder, y nadie puede asegurar que la tercera etapa de la política de Marco Rubio, la transición democrática, ocurrirá algún día, ni tampoco con qué legitimidad. En segundo lugar, llama la atención la facilidad con que algunos gobernantes latinoamericanos, incluyendo a José Antonio Kast, ignoran el principio de la no injerencia en asuntos internos que durante décadas ha sido un escudo de la región para protegerse ante agresiones de Washington. Salvo algunas excepciones, el Derecho Internacional parece haberse convertido en un asunto secundario, igual que conceptos antes defendidos a ultranza como la soberanía nacional.

La práctica ausencia de reacciones de rechazo contundentes desde líderes latinoamericanos y el expreso apoyo de la operación resolución total de EE.UU. en enero de 2026 por parte de Javier Milei, Nayib Bukele y otros presidentes parece dar licencia a Washington para poner en práctica su nueva Estrategia de Seguridad Nacional y reactivar la Doctrina Monroe (dirigida contra China) y el Corolario Roosevelt que permiten a EE.UU. a ejercer de policía en “su hemisferio” que por primera vez incluyó un país sudamericano.

Si finalmente se produjera una intervención militar de EE.UU. en Cuba, no sería una novedad ante la larga historia de intervenciones desde la Enmienda Platt y las sucesivas injerencias de Washington, incluyendo las seis décadas de sanciones unilaterales contra la isla. No cabe duda de que tanto el régimen cubano como el venezolano son dictaduras, pero el retorno del gran garrote de Estados Unidos más de cien años después -y que no se justifica ni siquiera con el argumento del “imperativo moral” sino con los intereses de negocios de Donald Trump- aniquila décadas de debates sobre una mayor autonomía de la región y confirma su resignación al acoplamiento con la gran potencia, en línea con lo que Carlos Escudé recomendó a los países periféricos.

Aunque un cambio de régimen y la reconstrucción económica y social en Cuba serían deseables, el ejemplo venezolano señala que la democracia no es la finalidad de una intervención militar y quizás ni siquiera un objetivo del gobierno de Donald Trump que busca recuperar el control político y económico de América Latina. si fuese necesario con un gran garrote y con un lenguaje que poco tiene que ver con el “habla con suavidad” de Theodore Roosevelt.

Etiquetas

Notas Relacionadas