“Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”, palabras planteadas por Antonio Gramsci, las cuales apuntan a la presencia de un escenario lleno de incertidumbre y disputa por la configuración del ordenamiento mundial presente y futuro, que permite interpretar la actual crisis de hegemonía internacional, caracterizada por el debilitamiento de estructuras políticas, económicas e institucionales que dominaron el escenario global durante las últimas décadas.
Entre los principales elementos que explican este interregno destacan el ascenso de China como actor económico, tecnológico y geopolítico de alcance global, la invasión rusa de Ucrania, que evidenció el retorno de la competencia entre grandes potencias, el aumento de fenómenos como el populismo, la polarización política y la crisis de la globalización, acentuada por la pandemia de COVID-19 junto a las tensiones comerciales globales. Son estos procesos lo que han abierto el debate respecto de la posible configuración de un nuevo orden internacional, el cual podría adoptar características nunca antes vistas de la distribución del poder.
Las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial continúan vigentes y las normas del orden liberal internacional siguen operando, pero, la potencia que lideró el sistema, Estados Unidos, ya no posee la misma capacidad para ejercer una conducción incuestionada sobre los asuntos globales. Las potencias emergentes aún no cuentan con la legitimidad, la influencia o los consensos necesarios para establecer un nuevo orden internacional estable, como consecuencia, el sistema internacional se encuentra inmerso en una etapa de transición cuya dirección definitiva permanece incierta.
Chile adquiere una relevancia estratégica particular, en la cual se posiciona como un actor relevante debido a la posesión de recursos considerados como vitales para la transición energética mundial. El litio, el cobre y el potencial de producción de hidrógeno verde transforman al país en una pieza fundamental de las cadenas globales de suministro. El territorio emerge como un actor cuya importancia trasciende su tamaño, al convertirse en un proveedor clave de insumos esenciales para la transformación energética y productiva que impulsa la economía global.
Catalina Cabrera
Integrante CEE UdeC