Dr. Pedro Vera Castillo
Profesor asociado
DIMAT-Universidad de Concepción
Quienes hemos dedicado parte importante de nuestra actividad docente a desarrollar “la pedagogía emprendedora”, con foco en el aprendizaje y el entrenamiento de competencias, nos encontramos con una grave limitación impuesta justamente por nuestro sistema formal de educación. En efecto, cuando se trata de caracterizar al emprendedor es habitual tomar en cuenta el aporte inicial clásico de la economía que lo vincula a “realizar negocios con foco en la rentabilidad y el lucro”, pero incorporando el aporte posterior de las ciencias humanas, la definición de este emprendedor se amplía y se precisa en “la persona que tiene un sueño y trabaja por hacerlo realidad en cualquier ámbito del desarrollo personal y profesional”.
Esto requiere que la educación sea cada vez más un proceso personalizado que permita a cada joven desarrollar las competencias necesarias para el desarrollo de su proyecto de vida que permitiría una sociedad más sana y feliz. La concepción tradicional que descansa sobre la uniformidad del aula y los recursos pedagógicos, además de dificultades objetivas de recursos financieros, humanos y de infraestructura, dificultan, hasta ahora, esta revolución educativa.
Hoy, sin embargo, parece haber consenso entre los especialistas que la Inteligencia Artificial puede permitir revolucionar los procesos de enseñanza aprendizaje, redefiniendo además qué aprender, cómo aprender y para qué aprender. Por ejemplo, asumiendo la IA tareas complementarias y administrativas permitirá que el profesor refuerce su labor pedagógica como guía, diseñador de experiencias de aprendizaje y formador integral lo que se corresponde con el sentido que los educadores en emprendimiento e innovación hemos intentado dar a nuestro quehacer.
Y, por otra parte, parece que desarrollar un proceso educativo personalizado podría ser ahora posible. Así, uno de los aportes más significativos de la IA al proceso formativo es la capacidad de adaptar el aprendizaje a las características individuales de cada estudiante. Hoy, el desarrollo de aplicaciones debe permitir: 1) ajustar la dificultad de los contenidos, 2) proponer rutas de aprendizaje personalizadas, y 3) ofrecer retroalimentación inmediata y específica. Lo que representa la posibilidad concreta de que, sobre la base de un núcleo formativo común, cada estudiante desarrolle el conocimiento y las competencias necesarias para “realizar su sueño y su proyecto de vida”. Competencias de futuro como el pensamiento crítico, la alfabetización digital y ética y la resolución de problemas complejos, así como la capacidad de aprender a aprender pueden ser fortalecidas con la IA.
Si a ello sumamos el aporte a la inclusión – imagine al hijo de inmigrantes estudiando en su propio idioma, por ejemplo – y las posibilidades de extender el acceso a la educación, el beneficio social de la IA se potencia.
Invertir en infraestructura tecnológica, en conectividad y en el desarrollo de aplicaciones que tomen en cuenta las especificidades culturales y regionales son, sin embargo, condiciones habilitantes de este sueño.