Opinión

De expectativas y constituciones

Hay que ser optimistas, pero sin ser imprudentes ni destemplados, porque ante tanta promesa debemos desconfiar de los que no se hacen cargo de explicar cómo van a materializar el ejercicio de estas perspectivas.

Por: Diario Concepción 21 de Julio 2021

Andrés Cruz Carrasco
Abogado, doctor en Derecho.

Nuestro sistema político no ha logrado promover un modelo que impida la excesiva concentración del poder, desatendiéndose a los órganos territoriales más representativos, haciendo de la participación ciudadana una mera ilusión que queda recluida en palabras contenidas en algún apasionado discurso. Por otro lado, se prometen muchos derechos de carácter social, pero sin una seria articulación institucional y una matriz financiera que permita hacerlos efectivos.

Se generan demasiadas expectativas ante la sobredimensión de lo que se puede hacer a partir de una constitución, promovida por posiciones mesiánicas y otras irresponsables, que para evitar la confrontación o para buscar apoyos, guardan silencio o se adhieren sin cuestionar nada.

La desilusión puede ser fuerte, más aún cuando esto repercute en la autonomía individual. Es muy complejo abrir espacios de efectiva participación popular cuando no hay condiciones siquiera para decidir por uno mismo respecto del propio futuro, al quedar encadenado a las necesidades más básicas.

El desafío sigue siendo enfrentar y superar la desigualdad, ante las deficiencias existentes en lo que respecta a la democratización política, económica y territorial. En estos ámbitos, una comunicación fluida entre representantes y representados resulta ser esencial, promoviendo un modelo de organización institucional que aglutine e integre y que no profundice la brecha ya intolerable que existe entre los individuos que conforman nuestra comunidad, cada vez más lejos de los lugares en los que se toman las decisiones.

Hay que ser optimistas, pero sin ser imprudentes ni destemplados, porque ante tanta promesa, debemos desconfiar de los que no se hacen cargo de explicar como van a materializar el ejercicio de estas perspectivas ante nuestras características culturales, materiales y sociales. No se trata sólo de acomodar las desigualdades para hacerlas tolerables. Los marcos institucionales existentes suelen imponer nuestra manera de relacionarnos y de manera expresa, pero también tácita, pueden bloquear las necesarias transformaciones sociales. Los intereses e inercias comprometidos son demasiados, por lo que la resistencia a todo cambio será tenaz. Al respecto, Roberto Gargarella señala: “Estos límites nos hablan de la persistencia de una matriz institucional fuertemente hostil al cambio, de las tensiones inherentes a dicha estructura institucional, de la disociación y la cisura que persiste – aún en los procesos más de avanzada- entre la ciudadanía movilizada y la dirigencia con responsabilidades normativas”.

Etiquetas