Opinión

Mujer: ¿Rol, clase, constructo?

Por: Diario Concepción | 16 de Julio 2019
Fotografía: Archivo

Con el proyecto de ley que reconoce a las mujeres el derecho a una vida libre de violencia avanzando en el Senado, hay reflexiones pendientes. En el mensaje del proyecto se mencionan los dos grandes objetivos del mismo: un aspecto estrictamente reglamentario, que busca mejorar las respuestas institucionales que hoy se ofrecen a las mujeres víctimas de violencia, y “la generación de un cambio cultural cuyo horizonte es la igualdad entre hombre y mujeres, y el fin de las relaciones de subordinación que estas padecen, que es la raíz de la violencia de género”.

El primer objetivo del proyecto de ley merece, sin duda, ser celebrado, pues propone medidas concretas para enfrentar el problema de la violencia que cotidianamente padecen mujeres de carne y hueso. El segundo objetivo, sin embargo, es problemático: se intenta cambiar la cultura mediante una ley en una dirección sobre cuya conveniencia no hay consenso y que puede terminar volviéndose en contra de esas mismas mujeres.

El proyecto hace referencia a “roles diferenciados asignados a hombres y mujeres”. Más allá de la pregunta por los roles, falta la pregunta por los modos de ser: ¿tienen modos de ser distintos el hombre y la mujer? Si hombres y mujeres somos iguales en todo sentido (y no sólo en dignidad humana, lo cual no está en cuestión), si no existe el ser femenino, si no existen las mujeres como algo diferente de los hombres ¿a quién defiende el feminismo? El feminismo se queda sin objeto y sin sujeto cuando el ser de la mujer se desdibuja y queda reducido a mero “rol asignado” (o a mero devenir histórico, o a mera autonomía, que son las otras dos posibilidades que se desprenden del proyecto).

Una segunda noción problemática es que no somos más que una “construcción social, cultural, histórica y económica”. En realidad, no existe una separación tajante entre lo que somos intrínsecamente y lo que hemos construido libremente: es mentirosa la dialéctica entre naturaleza y cultura. Para la filosofía política clásica –a diferencia de lo que a veces pretenden sus caricaturas– no existen las naturalezas humanas “sueltas”, desancladas, sino siempre encarnadas en seres humanos concretos, viviendo en épocas y culturas concretas. Así, no hay naturaleza que no se exprese en alguna manifestación cultural y no hay manifestación cultural sin algo anterior que manifestar.

Por la complejidad de los asuntos hasta aquí mencionados es que la discusión de una ley como esta, que contiene un lenguaje y una visión que no es neutral (ni podría serlo), debiese tratar los aspectos de fondo: filosóficos, antropológicos e históricos y no sólo los puramente técnicos, como ha sido la tónica de la deliberación parlamentaria hasta ahora.

 

Javiera Corvalán Azpiazu
Abogada, académica Facultad de Derecho
Universidad Finis Terrae

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