Opinión

La Luna entre temblores y arrugas

Por: Procopio | 18 de Mayo 2019

Si hay algo que inspire a poetas, enamorados y lobos es la Luna, el satélite favorito de la Tierra, ya que los otros son tarros utilitarios invisibles, sin la prestancia e historia de ese cuerpo celeste que divide el tiempo en sus cuatro formas de presentación, para orientación general de la agricultura.

Cuando creíamos, ingenuos, que estaba allí para quedarse, nos enteramos que está en reparaciones, que no es inalterable con sus cráteres y riscos. La culpa la tienen los científicos, que nos tenían convencidos que la Luna, desde hace una friolera de miles de millones de años tenía su perfil configurado, que durante mucho tiempo sus cuencas estaban muertas, estimando que la última actividad geológica registrada debió ocurrir mucho antes de que los dinosaurios vagaran por la Tierra.

Resulta que ahora, un estudio basado en más de 12.000 imágenes, ha revelado que al menos una de estas cuencas lunares ha estado agrietándose y cambiando de forma, desde no hace tanto tiempo, y afirma que incluso puede estar cambiando hoy día mismo, una novedad aportada por tecnología intrusa y avanzada que muestra una serie de colinas curvas y grietas poco profundas formadas en una superficie lunar que se contrae y tiembla a medida que el satélite pierde calor, como si tratara de una pasa.

La Luna no tiene placas tectónicas, como la Tierra, pero, en cambio, su acción tectónica se produce por la pérdida paulatina de calor desde que se formara hace casi 4.500 millones de años. A buena hora nos vinimos a enterar.

No se sabe si esto explica las prisas de la Nasa, que planea volver a enviar una misión tripulada a nuestro satélite para el año 2022, antes que sea más difícil apuntarle.

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