Opinión

La amplia utilidad de la mayéutica

Por: Procopio | 14 de Mayo 2019

Desde temprano tuvo por parte de sus amigos las mejores calificaciones, uno de ellos,  Querefonte, le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates y la Pitonisa le contestó que no había ningún griego más sabio que él.

Sin embargo, el aludido, que no creía en nada sin comprobación cierta, dudó del oráculo, lo que para entonces era realmente mucho dudar,  y comenzó a buscar alguien más sabio que él entre los personajes más renombrados de su época, pronto se dio cuenta de que en realidad éstos creían saber más de lo que realmente sabían. Filósofos, poetas y artistas, todos creían tener una gran sabiduría, en cambio, pero nuestro héroe descubría  que había mucho de imagen, más ruido que nueces, después de un ágil interrogatorio les dejaba sin sus adornos y descubiertos.

Se convenció Sócrates tanto de la ignorancia que le rodeaba como de la suya propia y se dedicó a buscar la verdad mediante las preguntas adecuadas y una crítica de las respuestas, hasta dar a luz una idea, algo así como la tarea de su madre, que era partera, mayeuta, en griego, de ahí el nombre de este método; la mayéutica, que se lograba mediante su otro recurso; la ironía, que consistía en asumir una postura de ignorancia para interrogar a las personas  para luego poner en evidencia la incongruencia de sus afirmaciones.

Puede ser que esa manera de buscar la verdad haya dejado numerosos lesionados en su amor propio, pero de ese modo logró combatir el populista movimiento sofista de la época y salvarnos hasta hoy de ser llevados a cualquier parte con propuestas falsas, aunque para eso hay que estar dispuestos a la dura tarea de  no dejar de pensar en serio.

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