Opinión

La lucha por Dreyfus

Por: Diario Concepción | 08 de Mayo 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Andrés Cruz Carrasco
Abogado, magíster Filosofía Moral

En 1894, el servicio de inteligencia francés recuperó de la embajada alemana un documento denominado “bordereau”, que sólo pudo haber sido obtenido por los germanos por intermedio de alguien íntimamente vinculado con el Estado Mayor galo. Todas las sospechas recayeron en el único judío que lo conformada: el capitán Dreyfus.

El proceso que se siguió en su contra se construyó sobre la base de medios de prueba muy débiles, lo que no impidió que fuese condenado por un consejo de guerra a la pena de deportación que debía ser cumplida en la Isla del Diablo en Guyana. Pese los esfuerzos de sus más cercanos, la decisión no se pudo revertir. En esos momentos surgió la figura del escritor Émile Zola, quien denunció que esta espuria condena tenía un solo fundamento: el antisemitismo imperante entre las autoridades galas.

La institucionalidad judicial no había cumplido con su deber de aplicar correctamente el derecho. El intento por que se hiciese justicia dentro del marco de la legalidad había fracasado. Era necesario movilizar al pueblo. Fue entonces que decidió publicar en el diario l´Aurore una carta dirigida al presidente Georges Clemenceau, que llevaba como título “Yo acuso”, haciendo referencia a la responsabilidad que le cabía a diversos jefes militares por haber manipulado a la prensa, ocultado evidencia, ya sea por pasión clerical o “por ese espíritu de cuerpo que hace de los despachos de la guerra un arca santa”.

De esa ceguera que invade a quienes se cierran cuando forman parte de un grupo determinado, cuyas banderas les impide ver a su alrededor, creyéndose adalides de las más nobles gestas, cuando en la realidad no son más que pequeños e ignorantes verdugos que actúan en el contexto de una trama mayor cuya candidez y arrogancia no les permite llegar a comprender. Según Zola, su carta no era más que “un medio revolucionario para acelerar la explosión de la verdad y de la justicia. Que traten de llevarme a los tribunales. Estoy esperando”.

El escritor fue juzgado por difamación y su defensa de ruptura desbordó la sala del tribunal, para llegar hasta las calles francesas. Zola fue condenado, pero había alcanzado su objetivo final: la reapertura del caso Dreyfus. Se produjo la unión en torno a la causa de socialistas, anarquistas y liberales. Se fundó la “Liga de los Derechos del Hombre”. El Tribunal Supremo anuló el juicio de Dreyfus, pero éste sería condenado otra vez, siendo indultado a cambio de no recurrir contra la sentencia. Siete años después, la Corte de Casación anuló este juicio de nuevo, reintegrando a Dreyfus al ejército como jefe de escuadrón. La lucha había valido la pena.

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