Opinión

El corazón de Quasimodo

Por: Procopio | 08 de Mayo 2019

El nombre de Quasimodo, estuvo de nuevo en los titulares, proviene del latín quasi modo: como si, casi como, primeras dos palabras de la misa del primer domingo tras la Pascua. El fin de semana siguiente a Semana Santa se celebra la Fiesta de Cuasimodo, uno de los festejos más importantes del valle central de Chile, aunque sea otra de las tradiciones nacionales con acusada tendencia a desaparecer. Una gran procesión es el resultado de meses de preparación, donde se adornan los caballos, las bicicletas y los carros con gran esmero, los de las cofradías  llevan los sacramentos a los enfermos o imposibilitados de asistir a los templos en las zonas rurales.

El incendio de la catedral de París trajo al recuerdo ese deformado campanero, cuyo nombre tiene el sentido parecido a la ceremonia nacional, como si fuera a misa, en este caso, como si fuera  humano, como si fuera en niño, muy cerca de todos los demás y, al mismo tiempo, tan diferente. Era  jorobado y de rostro contrahecho, Quasimodo había sido abandonado poco después de nacer cerca de la catedral de Notre Dame, donde habitaba.

Víctor Hugo lo describe como un joven de gran tamaño y fuerza y una gran agilidad a pesar de sus defectos físicos, solo podía utilizar un ojo, ya que el otro lo tenía casi bloqueado por la deformidad de su rostro, había quedado casi sordo por el tañer de las campanas, las cuales eran todo para él, antes de conocer a la joven gitana Esmeralda, de quien se enamora por ser ella la primera que le mostró bondad.

El ejemplo clásico de un alma blanca y llena de generosidad detrás de unas facciones espantosas, para los demás, la advertencia de la sabiduría popular;  caras vemos, corazones no sabemos.

 

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