Opinión

Para no enterrar la cabeza en la arena

Por: Procopio | 04 de Mayo 2019

Winston Churchill, en una frase muy repetida, aconsejó a estudiantes en Harrow; “never, ever, give up”, no rendirse jamás. Hay tiempos así, que invitan a tirar la toalla y alguien tiene que invitarle a uno a seguir adelante a pesar de un horizonte negro y sin lucecita típica de fin de túnel.

Puede pasar cuando los pastores maltratan a los corderos, cuando los encargados de la vigilancia se ocupan en robar, cuando los custodios de las buenas prácticas se especializan en hacerlas mal, sólo que hábilmente escamoteadas del ojo público, cuando los que sustentan campañas anticorrupción tienen tejado de vidrio.

Los jóvenes, particularmente, sin la dudosa ventaja de haber perdido la ilusión, sin el aprendizaje avanzado de escepticismo, escriben airados carteles, exclaman frases incendiarias que describen situaciones inaceptables, aunque se sorprenderían al saber que no están haciendo otra cosa que repetir consignas antiguas y no pocas obsoletas. Muchos terminan por separarse y dejar esa realidad abandonada, fuera de sus vidas.

Lo malo es que, de esa manera, dejan amplios espacios para un reducido, pero muy motivado grupo que tiene sus propias ideas de cómo debería marchar el mundo, especialmente para ellos, mientras los que se rindieron se encuentran de sopetón que hay nuevas reglas que no se sospechaban, que hay que bailar al ritmo de una música rara.

A esas alturas no hay de qué quejarse, los que abandonan la cancha no tiene derecho a reclamar como se juega en ella, ya que para tenerlo hay que poner las otras reglas en juego y, para eso, hay que estar allí, para tener pastores decentes, jueces imparciales y autoridades probas y dignas de respeto.

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