Opinión

La dura tarea de los representantes

Por: Procopio | 10 de Abril 2019

La tragedia de la guerra civil española, como aquella de la revolución francesa, tuvo y sigue teniendo, consecuencias en sus propios países y en otros aparentemente remotos, como el nuestro, en la forma de lecciones a tener en cuenta y en aporte de quienes resultaron desplazados por haber estado entre los derrotados, aunque no vencidos.

En términos muy generales, nos dieron indicaciones sobre el valor de la libertad y los precios que se pagan cuando se pierde. Es bueno recordar esa situación todas las veces que haga falta, porque cuando está se la da por concedida como un bien natural que no requiere, por estar siempre allí, mayor cuidado.

Tenemos una democracia plenamente vigente, aunque, con daños por reparar y ajustes que hacer, la forma que tiene la sociedad de adaptarse a su propia historia, la tarea de la democracia que se tiene que mejorar con más democracia y no con menos, de ahí la importancia de los actores de este sistema, nuestros representantes, los que llevan nuestras voces y esperanzas a los organismos del Estado.

Hay exigencias y advertencias a estos actores políticos. Indalecio Prieto, por ejemplo, un periodista socialista de Bilbao, en el bando republicano de la guerra civil, ocupó el Ministerio de Marina y Aire y, más tarde, el de Defensa. Tras la caída del Frente Norte en octubre, presentó su dimisión que no le fue aceptada; en abril de 1938, tras el derrumbe del frente de Aragón se retiró del gobierno.

Muy polémico, al discutir con aquellos que no asumían con claridad el estado de la situación, lanzó la frase “La política es un proyecto de realidades y no un fumadero de opio”. Notable reflexión, que bien vale la pena retomar.

Procopio

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