Opinión

Nuestros distraídos cuidadores

Por: Procopio | 07 de Abril 2019

El hombre, así en general, tiende a creer que lo que le sucede es del todo original y en grupo, la historia muestra que, con las variaciones propias de los respectivos tiempos, existe la tendencia a repetir incansablemente las mismas cadenas de circunstancias.

Ahora estamos en la duda, no solamente nosotros los chilenos, sino en todas partes donde se puede decir las cosas tal  como parecen ser, un conocido columnista de diario El País, de España, resume; “pocos creen en la honestidad de los políticos y los partidos ya no son el hogar de los idealistas”.

Si esa conclusión fuera, de buenas a primeras, juzgada como inexacta, no habría espacio para una mayor reflexión, pero lamentablemente se asemeja mucho al comentario popular predominante, sobre todo en el estrato más joven de la sociedad chilena, por sus características de juicio no amansado por las convenciones, ni matizado con el resignado escepticismo de los años vividos.

Si hay un lugar para el recto proceder, para la iniciativa idealista, ese lugar parece haber cambiado de sitio y no estar en la política. Se podría pensar que tan pronto como aquellos portadores de esos principios tienen que vérselas con los veteranos de la maniobra, aprenden, con más prisa de lo esperado, que los absolutos son irrealizables y que los relativos pueden negociarse.

Es también posible que de esa manera algunas cosas puedan realizarse, pero también puede ser que por eso mismo se distorsionen hasta ser caricaturas funcionales de un ideal original, que aún abandonada sigue replegada a la espera de otra oportunidad. Volver a poner a las personas antes que las posibilidades de volver a ser elegidos, podría ser un cambio para aplaudir.

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