Opinión

De negocios y responsabilidad

Por: Diario Concepción | 06 de Marzo 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Andrés cruz carrasco
Abogado, magíster Filosofía Moral

Sólo cuando existe confianza, la constatación que se está actuando de manera equitativa y transparente es posible que se desenvuelva un sistema económico.

Cuando se trata de negocios se consume mucha moral, para evitar caer en el abismo de la codicia y la vanidad. Si lo único que importa es ganar dinero, no sólo se puede arruinar una empresa, también se puede llegar a destruir una sociedad.

Ante las grandes crisis económicas, hasta los más acérrimos enemigos de la intervención del Estado corrieron a jalar de sus faldas para implorarles una ayuda que los rescatara de las reglas del mercado. Obviamente, lo que se hizo fue socializar las pérdidas, haciendo que todos los miembros del grupo social se hicieran cargo con sus tributos de evitar el colapso de los grandes agentes de las finanzas.

Esto ocurre por cuanto quienes ejercen un cargo de gobierno no necesariamente son los que tienen el poder. ¡Más mercado y menos Estado!, declaman los “expertos”, lo que nos han conducido a privatizar y entregar en concesión todo los que tenemos por adelante y por atrás y también a los lados, sean cosas o personas. ¡Todo se entrega a la especulación, todos pueden ser accionistas!

Sin embargo, la magnitud de la segregación y las diferencias sociales se han ido acrecentado, contrario a todo lo que debía ocurrir. Los costos de los suministros básicos son cada vez más altos y desenvolverse en una ciudad resulta ser cada día más oneroso. Para Richard David Precht: “el neoliberalismo no sólo se ha fugado con la caja moral, deja también un montón de ruinas en los municipios, naciones y economías nacionales; una montaña de deudas y una liquidación del patrimonio social”. Sino queremos dilapidar lo poco que queda de medio ambiente, resulta esencial planificar y regular, reforzando la fiscalización.

Las fuerzas del mercado son insuficientes para asegurar un equilibrio de los intereses económicos con otros de carácter social y comunitario. Cuando se trata de medio ambiente, para ser consecuente y no un hipócrita, se debe contemplar en los costos y valor de posicionamiento de un producto en el mercado los daños producidos en el ecosistema, en lugar de desplazarlos y obligar que las futuras generaciones se hagan cargo de éstos, para no vivir abusando de las carencias de otros.

Estos cambios resultan ser difíciles atendido que no hay proyectos alternativos convincentes que aseguren su desarrollo por la vía democrática. Parece que se deberá apelar al sentimiento de responsabilidad y cambio de moral de grupo, cuyo advenimiento, atendido el contexto en el que nos desarrollamos, también parece ser una quimera por ahora.

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