Opinión

El destino de los reyes flojos

Por: Procopio | 05 de Enero 2019

Hubo un tiempo cuando reinaron reyes que llegaban a humear de vagos, inútiles y buenos para nada, excepto pasarlo bien, cazando, en fiestas y juergas, el escándalo lo termina Pepino el Breve, mayordomo de palacio, en el año 752, proclamándose rey de los francos, con la alegría del pueblo, siempre confiado en cambios para bien.

Pepino no duró demasiado, muere de muerte natural, lo que ya es algo, en 768, legando el trono a sus hijos, Charles y Carloman, este último, el menor, muere súbitamente, a pesar que no había estado enfermo ni un sólo día en toda su vida.

A esas alturas, Charles tenía 29 años gobernando con eficacia, incluyendo contactos con el exterior y estímulo a la cultura y al comercio, y la paz de la gente y todas esas actividades que logran encumbrar la imagen hasta dejarla invulnerable con el paso del tiempo. También logró convencer a todo el mundo que la muerte de Carloman había sido una triste coincidencia, así como la lamentable desaparición de los dos hijos de éste y su madre, que se lo pasaba haciendo preguntas molestas.

Charles ya era demasiado grande y demasiado bueno, así que el Papa León III lo coronó como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el año 800. El ahora Charlemagne, siguió poniendo las cosas en orden, educando a los francos, a pesar que el mismo no logró aprender a escribir, famoso, recibió un elefante de regalo del mismísimo Haroum Al-Raschid, el legendario Califa de Bagdad.

Como una fuerza de la naturaleza, Carlomagno, estaba solo empezando, su historia hace de todo lo anterior un mero capitulo, el título de Magno le viene como anillo al dedo.

PROCOPIO

Etiquetas